29 de julio de 2012

Si no hay pan, toros

Ese era el título de la primera parte de la crónica "Desde Villavieja" que el corresponsal de El Adelanto -suponemos que una vez más sería el médico don Dionisio García Alonso- publicaba en ese diario provincial el día 24 de junio de 1912.

 

Hace pocos días me lamentaba en el periódico de las pérdidas grandes que sufren estos pueblos con la mortandad de ganados y la falta, casi absoluta de cosecha. Cualquiera pensaría por esto que estábamos dominados por el dolor y la tristeza, y que no iban a hallar eco los intentos de diversiones y de fiestas profanas. Pero ¡que si quieres! El carácter español no es para apesadumbrarse por nada; y que las tierras no se sieguen, que la emigración vaya en aumento, que nos amenace la miseria y hasta que se hunda el mundo eso no es nada. Vengan toros, riámonos, y lo que venga detrás que venga. Pelillos, por ahora, a la mar, y al mal tiempo buena cara.

Y en medio de todo es hermoso esto porque con gemir y suspirar no se gana nada y en cambio las corridas nos alegran el alma. Que el bolsillo se aligere y que el trabajo se suspenda por aquel día, eso no importa a pueblos como Retortillo, Sancti Spíritus, Yecla y Fuentes de San Esteban, para no contar más que los próximos de que tengo yo noticia, y tampoco al en que escribo que tuvo su capea correspondiente el día 13, organizada por Santiago Calderón y Francisco Merino, dos jornaleros modestísimos, que en su calidad de mayordomos de San Antonio, pusieron empeño especialísimo en honrar su fiesta, y lo consiguieron con la corrida, que debió ser muy del agrado del Santo bendito cuando, gracias quizá a su intercesión, el día estuvo bueno y no hubo desgracias que lamentar entre los diestros.

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El corresponsal