8 de junio de 2012
Peonias
Un tocón le ha servido de protección a esta planta de Peonia officinalis (por aquí se le conoce con el nombre de rosa maldita) para prosperar. Resulta llamativa desde la distancia al estar rodeada solamente por hierba verde y pequeñas florecillas blancas y amarillas. A pesar de ello no resulta muy visible desde la carretera al estar situada en un tramo de curvas, justamente antes de llegar a Santidad. La vi por casualidad una mañana y a los dos días tomé la foto desde el coche con ayuda del zoom de la cámara.
7 de junio de 2012
Desgracias de primera
Desgracias de primera
Conmovedora es siempre la desgracia, y más si se exterioriza con sangre, y más si la desgracia se ceba en personas de la alta sociedad. Porque la desgracia, recayente en uno ó más congéneres nuestros, hiérenos en el espíritu fraternal que nos anima, y represéntanos la hora en que, como hijos de una misma madre, podemos hallarnos en idéntica situación a la de los desventurados; y porque la sangre es muy escandalosa, y porque los seres distinguidos están por encima de las muchedumbres, rasas, anónimas, obscuras, y éstas los ven a ellos, mientras ellos no ven a las muchedumbres, no reparan en sus atómicas y conglomeradas individualidades, cuando ellos caminan en sus automóviles raudamente, vertiginosamente. Así, notareis quizá que un día y otro mueren, aplastados, despanzurrados, laminados por los automóviles, hombres, niños, mujeres, jóvenes y viejos, pues la fuerza no repara en sexos ni edades, y como esas víctimas pertenecen a las clases humildes, con cuatro líneas a manera de epitafio gratuito puesto en los periódicos de gran circulación, pasan al otro mundo sin ser vistos ni escuchados. Pero estos días se trata de personas relativamente notables, de una clase intermedia, que montan en auto por derecho natural ó cuando menos adquirido, ¡y cómo llenamos las planas periodísticas con el relato circunstanciado del tremebundo drama! "Ayer tarde fue atropellado por un automóvil un anciano de setenta y seis años. Murió instantáneamente. El chauffeur fue detenido." Este es el cliché estereotipado para los míseros peatones, para las víctimas sin clasificación extra. Y lo propio se escribe si en vez de un anciano se ha convertido en cibera ó papilla una mujer del pueblo, un chiquillo medio golfo, un cesante con seis hijos y la esposa embarazada. En casos como el último, allá van columnas y columnas, retratos y arte gráfico decorativo como el que pide Domenech, en El Liberal, para ilustrar debidamente el luctuoso suceso. Y es sumamente fácil evitar desgracias de esa índole: "con no subir a un automóvil... Qué cosa más sencilla; ¿verdad? Lo otro no hay quien lo evite, porque el auto se viene sobre uno... y ¡zás! ¡No somos nadie! En fin, no hay libro malo que no tenga algo bueno, y no hay labor periodística que no traiga su miaja de salvación; esas reseñas tan magníficamente decoradas donde se ponen tan de relieve los peligros del automovilismo para los mismos automovilistas, acaso refrenen el ímpetu de estos señores, resultando una ventaja que no han obtenido, en bien de todos nosotros, el alcalde saliente y el entrante de Madrid, con aquellos frenos reguladores, contensivos, etc., tan anunciados, tan cacareados.
ARGOS
El Adelanto, 29 de Febrero de 1912
6 de junio de 2012
Retortillo
5 de junio de 2012
Las consecuencias de un mal golpe
Aldeadávila, 1911. Un lío de faldas, un garrotazo, ... Y las consecuencias al día siguiente. Veamos como lo contaba El Adelanto.
Sensible desgracia.
Días pasados ocurrió en Aldeadávila de la Ribera un suceso que ha causado enorme impresión en el vecindario. Entre el joven Saturnino Hernández y otro de aquella localidad, hace tiempo existían resentimientos por rivalidades amorosas.
Quiso la mala suerte que se encontraran ambos rivales una de las noches pasadas en una de las plazas del pueblo, y comenzaron a disputar. De las palabras pasaron a los hechos, recibiendo Saturnino un tremendo garrotazo en la cabeza, que le privó del sentido.
Repuesto del golpe, y auxiliado por unos amigos, se encaminó a su domicilio, no dando importancia a lo ocurrido. Al día siguiente se puso enfermo de gravedad, pero como los padres ignoraban lo ocurrido, no se dieron gran prisa en llamar al médico, hasta que un amigo de Saturnino lo explicó. Avisado el médico y el sacerdote, inmediatamente se encaminaron a casa del herido; pero cuando llegaron había dejado de existir el infeliz. El agresor fué detenido.
El Adelanto jueves 13 de abril de 1911


