La sustracción de un trozo de jamón, que pericialmente fue tasado en una peseta, y una panilla de aceite, que se justipreció en quince céntimos, ha sido motivo para instruir toda una causa, y que por consecuencia de ella hayan estado recluidos en prisión preventiva desde el mes de Agosto último hasta el día de ayer dos ancianos de setenta y tantos años, matrimonio, y otro individuo de unos cincuenta. Seguramente no le queda gana a estos tres sujetos de volver a comer jamón ni paladear aceite, pues lo que han sufrido ha tenido para ellos peores consecuencias que una indigestión por muy fuerte que hubiere sido. Conste, sin embargo, aunque parezca anormal, que ningún exabrupto se ha cometido con ellos, porque todo el procedimiento seguido está de perfecto acuerdo con las exigencias de la ley. Cúlpese de esto al Código penal, que a gritos reclama ser reformado. Basta de preámbulos y allá va el hecho, origen de la causa a que nos referimos, que ayer se vio en la sala primera, ante el jurado del partido de Vitigudino.
En sentir del teniente fiscal señor Hebrero, los procesados Miguel Hernández Gajate, Pablo Tetilla Téllez y María Antonia Cardoso, puestos de acuerdo, el 17 de Agosto último, practicaron un boquete en el tejado de la casa de Casilda Cañizo Rur, vecina de San Felices de los Gallegos, y penetrando por él en las habitaciones, registraron varios muebles y sustrajeron un trozo de jamón y una panilla de aceite, valuado todo en una peseta y quince céntimos.
Así referido el hecho, lo calificaba como constitutivo de un delito de robo en casa habitada, y de él consideraba autores a los tres encartados. El letrado señor González Martín , defensor de los tres procesados, afirmaba que en la ocasión de autos no sustrajeron nada y que lo ocurrido fue lo siguiente: Pablo Tetilla avisó a su sobrino Miguel para que le acompañase a arreglar el tejado de su casa, lindante con el de Casilda; ya en el tejado, tan pronto como quitaron algunas tejas, se cayeron unos cuartones y se abrió el boquete que los puso en comunicación con la casa de Casilda, a cuyas habitaciones bajaron para quitar los escombros que cayeron, y entonces anduvieren por allí por mera curiosidad.
Aparte de la versión de las partes, conviene hacer notar otra anomalía del proceso. Cuando ocurrió el suceso, la perjudicada Casilda se hallaba ausente del pueblo, y al régresar aunque notó algún desorden en la casa, parece ser que no le dio importancia; pero la procesada María, creyendo que veintitrés duros que tenía los había guardado en un sitio en lugar de otro, denunció el hecho, y por ello se empezaron a instruir diligencias, siendo detenido el Miguel, quien al declarar hizo cargos contra la María y el Pablo, acusándoles de haber penetrado con él en la casa de la Casilda y sustraído el jamón. Se buscaban los veintitrés duros y parecieron, porque la María los encontró en sitio distinto al en que suponía que los había guardado; lo que no pareció fue el jamón y el aceite, que a buen precio han pagado los tres encartados, ignorando el alcance que tenían las manifestaciones que hicieron. Parece que ayer, en el juicio, aconsejados, dijeron la verdad que era lo que su defensor sostuvo. Único testigo que compareció fue la perjudicada Casilda, y aunque debía ser de cargo, en realidad no lo fue. El ministerio público y la defensa razonaron sus conclusiones, y respectivamente pidieron al jurado veredicto en consonancia con lo que cada cual sostenía. Hizo luego el resumen de las pruebas el presidente de la sección de Derecho, señor Casas, cumpliendo su misión conforme determina la ley. Retirado el jurado a deliberar, resolvió la cuestión de acuerdo con lo pretendido por el defensor señor González Martín, contestando en sentido negativo las tres preguntas de que constaba el veredicto, y en vista de ser de inculpabilidad, la sala se retiró a dictar sentencia, en la que absolvió a Miguel Hernández Gajate, Pablo Tetilla Téllez y María Antonia Cardoso, declarando las costas de oficio y ordenando que inmediatamente fuesen puestos en libertad, de la que poco después disfrutaron. El juicio terminó a la una. Este proceso, que carece en absoluto de importancia, le ha costado al Estado unos cientos de pesetas.
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31 de enero de 2012
¡Menudo juicio!
Lo de la Justicia en España ha sido casi siempre "de película". Somos un pueblo que por "quítame esas pajas" montamos un tinglado de jueces, abogados y demás de padre y muy señor mio. Vean, vean lo que contaba el Adelanto en mayo de 1912 por un "robo" de un trozo de jamón valorado entonces en una peseta y una panilla (unidad de medida para aceite que era la cuarta parte de una libra, es decir poco mas de 100 gramos) de aceite cuyo valor estimado era de quince céntimos.Y encima resultó que .... ¡pero leámoslo!
29 de noviembre de 2011
Apañando aceitunas
Otro poema de don Matías García Miguel, el cura-poeta natural de San Felices de los Gallegos. En el nos narra la recogida de la aceituna, que en estas tierras se realizaba generalmente en el mes de Diciembre.
En el mes de diciembre
voy por las tardes
a pasear un rato
los olivares,
pues ver me gusta
a la gente apañando
las aceitunas.
Por las agrias laderas
que baña el río
se extiende el verde monte
de los olivos.
Tiene un encanto
que no me canso nunca
de contemplarlos.
Van las aceituneras
durante el día
a ganar dos reales
por la fatiga
de ir recogiendo
el fruto que los hombres
le van cayendo
Con penoso trabajo
llenan las cestas
andando siempre a gatas
sobre la tierra,
y en los costales
las vacían, y vuelven
a sus afanes.
Como en los olivares
se siente frío
y los pies y las manos
se quedan rígidos,
es necesario
encender las hogueras
y calentarlos.
Cuando llega la hora
del mediodía
se acomoda la gente
de la cuadrilla
junto a la hoguera
a comer el pedazo
de pan que llevan.
"Apañando aceituna
se hacen las bodas;
el que no va a aceituna
no se enamora."
Estos cantares
alegran todo el día
los olivares.
Las jóvenes sintiendo
dulces transportes
se cuentan las historias
de sus amores,
y los mancebos
deleitan a las jóvenes
con sus requiebros.
Al extinguirse el rayo
del sol poniente,
subiendo poco a poco
por la pendiente
van las cuadrillas
entonando romances
y seguidillas.
"De aceituna venimos,
venimos tarde;
la Virgen del Rosario
nos acompañe",
Estos acentos
canta por la aceituna
Barba de Puerco.
Acostumbran la tarde
que se termina
traer del monte un verde
ramo de oliva
y por las calles
del pueblo lo pasean
entre cantares.
En la noche hacen baile
y se celebra
el fin de la aceituna
como una fiesta.
Mozos y mozas
alegres se solazan
hasta la aurora...
11 de abril de 2011
Venganza charra
Recuerdo de pequeño haber asistido alguna vez al "tormento" -porque así habríamos de calificarlo hoy día- al que se le sometía a algún perro callejero que se atrevía a entrar en "territorio o barrio ajeno". El atarle una lata a la cola y azuzar al pobre perro para que corriese por las calles perseguido incesantemente por la lata rugiente que golpeaba el suelo tras él produciento un estrépito de mil demonios... Nunca me gustó esa "faena" que a la mayor parte de la gente le parecía harto graciosa.
Traigo hoy a estas líneas una pequeña poesía que trata de esa cuestión. Es original de don Matías García Miguel (1873-1954), natural de San Felices de los Gallegos y que fue más conocido con el sobrenombre de "el cura poeta", como se le denominaba en la zona donde desarrolló su ministerio sacerdotal (Navasfrías, Fuenteguinaldo, Ituero de Azaba,...) Pertenece al libro "El país charro".
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Traigo hoy a estas líneas una pequeña poesía que trata de esa cuestión. Es original de don Matías García Miguel (1873-1954), natural de San Felices de los Gallegos y que fue más conocido con el sobrenombre de "el cura poeta", como se le denominaba en la zona donde desarrolló su ministerio sacerdotal (Navasfrías, Fuenteguinaldo, Ituero de Azaba,...) Pertenece al libro "El país charro".
VENGANZA CHARRA
Una charra salmantina
tenía un perro faldero,
muy bonito y muy simpático,
con un cascabel al cuello,
al que cogieron un día
unos cuatro zapateros
y le ataron a la cola
una lata de pimientos,
con cuyo ruidoso apéndice
el perro salió corriendo,
haciendo en el empedrado
tan fenomenal estrépito,
que lo llevaron en triunfo
los muchachos por el pueblo
y le mataron las pulgas
en el caño sumergiéndole...
Había pasado ya un mes,
y la charra sin aliento
presentóse en el taller
diciendo a los zapateros:
- Corréi, que en las pesebreras
se me ha entallao el jumento;
sacármelo por favor
plonto del atolladero...
Decididos a librar
al pollino del aprieto,
en el corral de la charra
entraron los zapateros,
que encontraron un novillo
provisto de enormes cuernos
que, arremetiendo con furia,
a uno cojo, al otro dejo,
los volteó por el aire,
los arrastró por el suelo
y bravamente jugó
a la pelota con ellos...
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23 de febrero de 2011
Los Montaraces
En el diccionario de la lengua española, entre otras acepciones, se define la palabra montaraz con estos términos:
El montaraz vivía en la propia finca y, además de la retribución en dinero convenida, solía tener derecho, entre otras cosas, a la denominada "escusa", por la que el propietario le concedía el privilegio de poseer un determinado número de cabezas de ganado en la dehesa, sin pagar renta. Y como era un cargo especialmente apetecido, los montaraces se lo transmitían de padres a hijos. En bastantes casos además, los familiares más allegados del montaraz se convertían también en renteros, así que...
Para ilustrar esta entrada de hoy he elegido un poema de un autor bastante desconocido para gran parte de los salmantinos. Se trata del sacerdote don Matías García Miguel (1873-1954), natural de San Felices de los Gallegos y que ejerció su ministerio pastoral en la zona del actual Arciprestazgo de Águeda, falleciendo en Fuenteguinaldo en 1954. Se le conocía con los apelativos de "el cura poeta" o el "azabeño" .
Mayordomo de campo, capataz que tiene a su cargo las labores y los ganados.indicando además que este significado es propio de la provincia de Salamanca. Y es que efectivamente, el término montaraz, como nombre, alude a una especie de "guarda forestal" encargado de la vigilancia y custodia del monte, que en los grandes latifundios de la provincia salmantina se encargaba además de la administración de la finca. Era el representante del dueño ante los renteros labradores, los que araban y cultivaban la tierra, y los renteros ganaderos, que aprovechaban los pastos y la montanera. Se encargaba, por tanto, de vigilar el cumplimiento exacto del acuerdo existente entre arrendatarios y dueño, comunicando a éste las diversas vicisitudes e incidencias que se producían durante el periodo de arrendamiento de la finca, y cobrando además la renta pactada, que hacía llegar posteriormente a su señor. No eran los dueños de la finca, pero.... ¡como si lo fuesen!
El montaraz vivía en la propia finca y, además de la retribución en dinero convenida, solía tener derecho, entre otras cosas, a la denominada "escusa", por la que el propietario le concedía el privilegio de poseer un determinado número de cabezas de ganado en la dehesa, sin pagar renta. Y como era un cargo especialmente apetecido, los montaraces se lo transmitían de padres a hijos. En bastantes casos además, los familiares más allegados del montaraz se convertían también en renteros, así que...
Para ilustrar esta entrada de hoy he elegido un poema de un autor bastante desconocido para gran parte de los salmantinos. Se trata del sacerdote don Matías García Miguel (1873-1954), natural de San Felices de los Gallegos y que ejerció su ministerio pastoral en la zona del actual Arciprestazgo de Águeda, falleciendo en Fuenteguinaldo en 1954. Se le conocía con los apelativos de "el cura poeta" o el "azabeño" .
LOS MONTARACES
Por vallados y colinas
del una al otro horizonte,
Castilla es un vasto monte
de seculares encinas.
Y en estos montes feraces
donde engordan los cebones,
robustos y frescachones
habitan los montaraces.
Por las lucidas carnazas
que encima suelen tener,
también son dignas de ver
las frondosas montarazas.
Cuando en alguna función,
sobre algún caballo tordo,
aparece un hombre gordo
con gorrilla y con calzón;
cuando sobre una pollina
se presenta en un mercado,
con saya y pañuelo atado,
una gruesa campesina,
enseguida, por la trazas,
discurre el menos sagaz
que es el hombre montaraz
y la mujer montaraza...
Hoy no hay mejor canonjía
que poder guardar la dehesa
de una señora condesa
en una montaracía.
En estos pingües destinos
como en Castilla se usa,
los montaraces, de escusa,
tienen cabras y cochinos,
y encima de un altozano
habitan un caserón,
ejerciendo en la región
un dominio soberano.
¡Qué vida más campechana
y más llena de alegrías,
la de las montaracías
de la tierra castellana!
Como son gente rumbosa,
al que los va a visitar
un cuerno le suelen dar
de leche pura y sabrosa.
Y no faltan ocasiones,
yo con gusto lo confieso,
en que principian un queso
o parten unos morcones.
Van, como buenos cristianos,
en las fiestas principales,
a las misas parroquiales
de los pueblos más cercanos.
Como no les duelen prendas
y no carecen de mosca,
a comprar la mejor rosca
acuden a las ofrendas.
En las visitas reales
organizan eescuadrones
de montaraces rumbones,
con los trajes regionales.
Pues toda montaracía,
en Castilla, la riqueza
custodia de la nobleza
que sirve a la monarquía.
Cuando la edad avanzada
les impide ya guardar,
van a su pueblo a gozar
de vida más sosegada
Y en el viejo caserón
dejan colocado un hijo,
que sigue siendo, de fijo,
el gallo de la region...
Hoy no hay mejor canonjía
que poder guardar la dehesa
de una señora condesa
en una montaracía...
Matías García Miguel"El País Charro, poesías regionales" (1928)
30 de noviembre de 2010
Se proyecta un museo de arte sacro en San Felices de los Gallegos
Publicado en La Gaceta Regional de Salamanca.
DOMINGO, 28 DE NOVIEMBRE DE 2010
SAN FELICES DE LOS GALLEGOS
Un museo de promesas
La Junta pretende destinar 200.000 euros para la construcción de un museo de arte religioso en el convento de las Madres Agustinas de San Felices de los Gallegos
CASAMAR/DAVID GARCÍA CAMES
A las monjas de San Felices de los Gallegos nadie les ha dado 200.000 euros. De momento. Las Madres Agustinas han recibido las noticias sobre la creación de un museo de arte sacro en su convento con una mezcla de ilusión y resignado escepticismo. Cuando el pasado 11 de noviembre el secretario territorial de la Junta de Castilla y León, Gerardo Sánchez-Granjel, anunció a bombo y platillo la construcción de un museo religioso en su convento, las monjas fueron las primeras sorprendidas.
Lo dice Sor Loreto mientras sigue atareada con el gran belén que cada año montan en la iglesia del convento. Subida a las escaleras y trasegando las figuras, habla sobre el museo de arte sacro como de algo que viene de mucho tiempo atrás. “Hará unos diez años que ya se trató el tema del museo, ahora nos han dicho que es seguro, que para el 2011 estará listo, y nos hace mucha ilusión”, comenta sin dejar de trabajar. ¿Y cómo se compaginarán las visitas con el día a día de un convento de clausura? Sor Loreto aclara que “habrá que pedir un permiso especial para que las monjas puedan enseñar el museo, como ya hacen en otros lugares”, dice antes de recordar que, en contra de lo publicado, ellas no han recibido todavía ninguna cantidad de la Junta.
El convento de las Madres Agustinas de San Felices parece que siempre ha estado ahí. Silente a la vera de la calle Fría, sus obleas y repelaos tienen fama en toda la comarca. Lo que no resulta tan conocido es el gran valor patrimonial del conjunto. Como dice Sor Loreto, “tenemos muchos fondos pero el museo tendrá que ser pequeño”.
Hay dos ideas, una pasa por ubicarlo en la puerta que da al osario, aunque también se baraja la alternativa de situar la entrada en la puerta principal. Lo que sí está claro es que los futuros visitantes deberán hacer poco ruido. Un museo en un convento de clausura tendrá que respetar por encima de todo una delicada forma de ser. Algo así dice Sor Loreto llevando entre las manos una figura de escayola que, como el silencio inmemorial de las monjas, podría quebrarse en cualquier momento.
Custodias y casullas de oro entre riquísimos fondos
De pocas cosas se sienten más orgullos en el pueblo como de la custodia de la Cofradía del Santísimo Sacramento del s. XVI
CASAMAR/D.G.C.
FRANCISCO de Dios, párroco de las Madres Agustinas, habla con orgullo sobre las obras de arte que alberga el convento. “Aquí tenemos material de sobra para hacer un museo de arte religioso, ahora el proyecto tiene que concretarse”, asegura mientras señala que el museo se nutrirá con los fondos del convento y de la iglesia parroquial.
Muchas son las piezas de gran valor, recalca don Paco, como el Niño Jesús de marfil expuesto en “Las Edades del Hombre” de Ciudad Rodrigo; pero de pocas se sienten tan orgullosos los de San Felices como de la custodia de la Cofradía del Santísimo Sacramento, obra de orfebrería del XVI, de plata y bañada en oro. Y enumera el párroco otros bienes como cálices, casullas de oro, copones, el órgano barroco y elaboradas obras de platería.
El párroco de las monjas espera que la clausura de las monjas no se vea afectada por el museo. “Ellas están contentas, lo que no está tan claro todavía es que el museo se vaya a hacer”, dice recordando experiencias precedentes. En el convento de las Madres Agustinas viven actualmente doce religiosas, varias de ellas procedentes del extranjero. El proyecto de museo de arte sacro, redactado por el arquitecto Miguel Ángel Manzanera, también contempla abrir un mirador en la torre del convento. Como dice Francisco de Dios, “eso traería consigo más visitas, que desde allí tendrían una vista inmejorable del conjunto histórico que es San Felices”.
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