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1 de diciembre de 2010

El airón de la quimera

Monumento a Francisco Maldonado
Glorieta del Alto el Rollo al final de la Avenida de los Comuneros
(Fot. Sanjo-Wikisalamanca)

Transcribimos otra poesía de José María de Onis, a quien vemos en la fotografía de la derecha publicada en "El Adelanto" el 24 de Septiembre de 1921. En este caso está dedicada al comunero salmantino Francisco Maldonado, ejecutado tras la batalla de Villalar en 1521.

Con motivo del cuarto centenario de su ajusticiamiento y tras una iniciativa popular encabezada por el concejal Blas Santos Franco el ayuntamiento de Salamanca encargó al escultor granadino Juan Cristóbal González de Quesada la realización de un monumento que se inauguró el 23 de Septiembre de 1921. Entre los actos celebrados con tal motivo fue leído el poema de José María de Onís.


Hace pocos años, con motivo de las obras de construcción de un estacionamiento en la Plaza de Los Bandos, el busto fue trasladado a la glorieta del Alto del Rollo, justo al final de la avenida Comuneros, donde puede ser observado en la actualidad.


EL AIRON DE LA QUIMERA
Homenaje.

¡Caballero castellano,
bardo y profeta de paz;
el airón de la quimera
pluma azul del tu soñar,
flor de tu blanca cimera,
que era honor y libertad,
segó el verdugo del Rey
con su mano, en Villalar!

¡No fué Castilla! ¡Castilla
no te quiso muerte dar!
Hablaba contigo el reino
que fue contigo a luchar,
porque no quiso otra voz
más que su voz en mandar.
Era un hijo del Bravante
y extrañero del solar,
el que manchara sus manos
con tu sangre de juglar.
¡Quién como tú, caballero,
que puede al rey enseñar
que está sobre él la justicia,
luz para todos igual!
¡Que no es bien para la Patria
partir del reino, y dejar
que manden estrechas manos
pechos y rentas cobrar,
y con hijos de villanos
hagan su tropa feudal!
¡Quién como tú, castellano,
que supo vivir y amar,
y dejar huellas perennes
con sargre a la eternidad!
¡Y morir como cristiano,
y, como noble, luchar!

Y llevó luto Castilla.
Que sobre el viejo solar
de Maldonado, el escudo
con negros paños está.
Que el puño de su tizona,
de dorado gavilán
cubierto está de crespones
que han mandado colocar.
Y el airón de la quimera,
pluma azul del su soñar,
flor de su blanca cimbra,
que era honor y libertad,
¡quedó roto en el cadalso
que se alzara en Villalar!

¡Comunero salmantino:
como tu, soy un juglar!
¡A tu sangre azul de mártir
quiero una trova cantar!
Y en ese plinto de piedra
mi cantiga he de gravar,
y pondré flores cortadas
del campo de Villalar!

¡No fué Castilla! ¡Castilla
no te quiso muerte dar!
¡Era un hijo del Bravante
y extrañero del solar!

José María de Onís

29 de noviembre de 2010

Flor de lirio

Nuestra entrada de hoy es la transcripción de un poema aparecido en la edición del 4 de diciembre de 1926 en el semanario "La Esfera" y que firma José María de Onís. Posiblemente se trate de José María de Onís Sánchez, hijo de otro José María de Onís López, archivero de la Universidad de Salamanca, y hermano por tanto del conocido escritor y crítico literario Federico de Onís Sánchez (Salamanca, 1885-Puerto Rico, 1966) a quien Antonio Machado dedicara aquellos versos que decían:

Para ti la roja flor
que antaño fue blanca lis,
con el aroma mejor
del huerto de fray Luis.

Precisamente el poema de José María se titula también "Flor del lirío".

Catedral Nueva de Salamanca - Fot. Jentges - Wikimedia Commons

Flor de lirio

¡Flor de lirio, rosa de oro,
flor de lirio inmaculada,
paz y albergue, luz, descanso
y armonía de las almas!
Eres rojo y claro espejo
de ese sol que te ilumina. Salamanca;
eres bella como un rayo de la luna,
de esa luna plateante que te baña
con fulgores diamantinos,
con destelles de luz blanca,
bendición celeste y pura,
senda clara
que te trae desde los cielos
la serena voz del alma;
ese espíritu divino que te anima,
ese aroma de leyenda inmaculada
que despiden tus rincones olvidados
y te envuelve en una nube plateada
como un cálido sudario
donde duerme tu vejez engalanada.

¡Eres dulce, tierra de oro!
¡Eres bella, Salamanca!
¡Hay en ti y en tu retiro
los hechizos inefables de tu calma,
paz y olvido, luz y ensueños
y remanso de quietud y de esperanza!
¡Que es el aire luminoso de tus campos,
y el aroma de tus yermos y tus landas,
y el efluvio de los sauces y romeros
de las ondas tormesinas que te bañan!
Vengo á ti, y en estos lares silenciosos,
de serena promisión, donde descansan
tantos siglos de dolores olvidados,
tantos siglos de virtudes legendarias,
me parece que un ensueño primoroso
se apodera de mi alma.
¡Eres bella, tierra de oro!
¡Eres dulce, tierra blanca!
Lumbre de oro son tus piedras señoriales
por el sol de tantos siglos coronadas.
Son las torres de tus templos
como faros de luz blanca.
Que los lunas que pasaron
te dejaron en la faz su luz de plata.
Y los siglos que has vivido
te besaron con la blanca luz del alba.
¡Y eres blanca como un lirio,
flor de lirio inmaculada!

¡Salamanca: peregrino soy del Arte,
trovador de noble estirpe castellana!
¡Al poner en ti mis ojos,
luz del alma,
te contemplo como clásica reliquia
por el Arte y el honor santificada!
¡Y al partir, yo te prometo,
primorosa, benedicta Salamanca,
que mis labios para ti tendrán un beso
y mis ojos una lágrima!