Para mi fue una sorpresa monumental. En una soleada y húmeda mañana -tras el paso de una aparatosa tormenta- de finales del mes de mayo me acerqué caminando hasta el río Yeltes, concretamente hasta la zona de la Pernalona, cuya pesquera podéis ver en la primera de las fotos.
En la base de la pared rocosa de pizarra de más de veinte metros de altura, justo donde se sitúa la antigua fábrica de harinas, enraizado en una grieta y acompañado de los correspondientes musgos y "basilios" (ombligo de Venus), encontré el pequeño helecho que podéis observar en las siguientes imágenes. Desde luego el sitio no deja de ser el ideal para esta planta, sombra prácticamente todo el día, al estar el acantilado de pizarras orientado al norte y una altísima humedad por tener la corrienta de agua a escasos metros de ella. El antiguo edificio medio derruido de la fábrica de harinas y el recodo que forma la pared rocosa la protegen también de los fríos vientos del Este, los temidos "cierzos". Total, una especie de microclima parecido al de la tierras cercanas a la sierra que es donde abundan este tipo de plantas. En la segunda de las imágenes, podéis observar el envés de las hojas (frondes) con las conocidas estructuras productoras de esporas, los incipientes "soros" -esa especie de rayitas blancas- formados cada uno de ellos por un par de esporangios.
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1 de agosto de 2011
28 de julio de 2011
Polígono anfibio
El polígono anfibio (Polygonum amphibium) es una planta acuática cuyas hojas flotan sobre las aguas tranquilas o estancadas. Tiene tallos muy ramificados y largos, que generalmente están sumergidos siendo sus hojas ovaladas y grandes. Presenta las flores de color rosado agrupadas en espigas verticales que sobresalen de la superficie del agua. Existe también una variedad terrestre que vive en zonas húmedas y que es muy parecida a la descrita.
En la primera de las fotos podemos observar el remanso que forma el río Yeltes en la pesquera de la Pernalona. Vemos a la izquierda una extensa superficie del agua cubierta de esta planta. Justo a la derecha desemboca el arroyo del Endrinal que en la época en que saqué las fotografías aún aportaba a la zona un pequeño caudal de agua.
En la siguiente foto podemos ver ampliada una zona de las aguas semiestancadas pudiéndose apreciar claramente varias flores de Polígono anfibio. En la tercera de las imágenes se ve con mas detalle una de las flores y una de las hojas. Curiosamente sobre ésta última se encuentran una pareja de zapateros (Gerris lacustris) copulando.
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En la primera de las fotos podemos observar el remanso que forma el río Yeltes en la pesquera de la Pernalona. Vemos a la izquierda una extensa superficie del agua cubierta de esta planta. Justo a la derecha desemboca el arroyo del Endrinal que en la época en que saqué las fotografías aún aportaba a la zona un pequeño caudal de agua.
En la siguiente foto podemos ver ampliada una zona de las aguas semiestancadas pudiéndose apreciar claramente varias flores de Polígono anfibio. En la tercera de las imágenes se ve con mas detalle una de las flores y una de las hojas. Curiosamente sobre ésta última se encuentran una pareja de zapateros (Gerris lacustris) copulando.
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23 de junio de 2011
Un niño ahogado
Con este titular, daba cuenta el rotativo "El Salmantino" publicado el 16 de Septiembre de 1911, una luctuosa noticia producida en Villavieja. Transcribimos a continuación el texto completo en el que se relata tan desgraciado suceso:
Tres o cuatro años más tarde, Tomás tuvo otro hijo varón al que se le puso otra vez el mismo nombre, Aniano. Hace unos meses falleció en Villavieja a la edad de 96 años.
Por cierto, o mucho me equivoco o la huerta donde ocurrió el suceso fue años más tarde propiedad de mi bisabuelo Abel Calderero, continuando posteriormente hasta nuestros días en manos de la familia.
La guardia civil del puesto de Villavieja, da cuenta a esta comandancia, de que en una huerta propiedad del vecino de dicha villa, Francisco Calderero Montero, sita en el termino municipal de la misma y sitio de la Pernalona, la cual tiene arrendada a Tomás Manzanera Prieto, ha perecido ahogado el niño de tres años llamado Aniano Manzanera Prieto, hijo del Tomás, en un estanque que tiene la huerta mencionada, para el riego de las hortalizas. No se sabe cómo pudo meterse en el estanque, ni tampoco como pudo ahogarse, a no ser, como era, un niño de corta edad.
El estanque no tiene más que una altura de treinta centímetros, siendo de fondo llano y de piedra de cantería. Inmediatamente que se tuvo noticia de esta triste desgracia, se presentó la benemérita y el Juzgado municipal de Villavieja, ordenando el levantamiento de la infeliz criaturita y practicando las primeras diligencias.
El Salmantino, 16 de Septiembre de 1911
Tres o cuatro años más tarde, Tomás tuvo otro hijo varón al que se le puso otra vez el mismo nombre, Aniano. Hace unos meses falleció en Villavieja a la edad de 96 años.
Por cierto, o mucho me equivoco o la huerta donde ocurrió el suceso fue años más tarde propiedad de mi bisabuelo Abel Calderero, continuando posteriormente hasta nuestros días en manos de la familia.
13 de mayo de 2011
Pernalona
Bonita estampa del paraje denominado la "Pernalona" en el río Yeltes, con la antigua fábrica de harinas situada en la orilla izquierda del gran meandro que forma el cauce del rio en este lugar. La fotografía es del 28 de mayo de 2005.
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31 de enero de 2011
La pernalona
Imagen (Foto PNOA) de uno de los meandros del río Yeltes que sirve de separación entre los términos municipales de Villavieja de Yeltes y Pedro Álvaro (Villares de Yeltes). En concreto se trata de la zona denominada "La Pernalona"
Podemos observar perfectamente la pesquera -reparada no hace muchos años- que servía para dirigir la corriente hacia la fábrica de harinas situada en la orilla izquierda del río en la base de un acantilado pizarroso de unos veinte o veinticinco metros de altura, y que queda casi totalmente oculta por el arbolado ribereno, principalmente, sauces y alisos.
En esta zona se incorporan al río dos arroyos. Uno lo hace por el Este. Se trata del Arroyo del Colmenar, una pequeño regato que nace a unos setecientos metros de su desembocadura cerca del camino que desde la carretera se dirige a La Aceña. El segundo lo hace por el Sur. Es el Arroyo del Endrinal. Este tiene una longitud de más de dos kilómetros. Nace en la vertiente Este de la Antanilla, muy cerca del punto donde arranca el camino viejo de Villares, en un prado con un hermoso chopo del que ya escribí en alguna otra ocasión. http://bit.ly/i2bnbk
Siempre me llamó la atención -era una zona que visitaba con frecuencia de pequeño- los alargados y estrechos prados, tipo bancales, situados en la escarpada ladera situada a la derecha del regato del Endrinal y que son perfectamente visibles en la imagen.
Ya en la orilla del río una extensa capa de sedimentos arenosos con un talud de poco más de un metro era aprovechado por martines pescadores y abejarucos para realizar sus nidos.
Podemos observar perfectamente la pesquera -reparada no hace muchos años- que servía para dirigir la corriente hacia la fábrica de harinas situada en la orilla izquierda del río en la base de un acantilado pizarroso de unos veinte o veinticinco metros de altura, y que queda casi totalmente oculta por el arbolado ribereno, principalmente, sauces y alisos.
En esta zona se incorporan al río dos arroyos. Uno lo hace por el Este. Se trata del Arroyo del Colmenar, una pequeño regato que nace a unos setecientos metros de su desembocadura cerca del camino que desde la carretera se dirige a La Aceña. El segundo lo hace por el Sur. Es el Arroyo del Endrinal. Este tiene una longitud de más de dos kilómetros. Nace en la vertiente Este de la Antanilla, muy cerca del punto donde arranca el camino viejo de Villares, en un prado con un hermoso chopo del que ya escribí en alguna otra ocasión. http://bit.ly/i2bnbk
Siempre me llamó la atención -era una zona que visitaba con frecuencia de pequeño- los alargados y estrechos prados, tipo bancales, situados en la escarpada ladera situada a la derecha del regato del Endrinal y que son perfectamente visibles en la imagen.
Ya en la orilla del río una extensa capa de sedimentos arenosos con un talud de poco más de un metro era aprovechado por martines pescadores y abejarucos para realizar sus nidos.
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