Tañen las campanas con tristeza, hoy día de los difuntos. La tradición venera a los muertos, y para los que no disponen de flores del recuerdo, hay flores de trapo en abundancia. A nosotros, los jóvenes -Dios me perdone la sinceridad- no nos cala alma adentro el lúgubre tañido de las campanas. Como el Tenorio, repetimos, "tan largo me lo fiáis..." y pensamos en la muerte como en una cosa dulcemente lejana.
Y es que para morir, creemos que tenemos que vivir antes. Para nosotros comienza la vida ahora. Y sin embargo, hay muchos que mueren sin haber vivido verdaderamente. Y otros que viven en apariencia, pero que están muertos por dentro. Y hay otros que murieron la vida de la carne y viven; los padres en los hijos, los santos en sus devotos, los genios en sus admiradores. Y tú, lector o lectora, dime: ¿vives solo vida de carne? ¿Te has sentido para vivir del todo, parte del todo, de lo infinito, de Dios? ¿Has muerto en parte y vives en parte? ¿Has muerto del todo o vives del todo? Con sinceridad dime: ¿no eres el espectro, la sombra, el esqueleto de tu mismo? ¿No ha muerto tu ritmo interior, la ilusión que te era más querida, la alegría que esperaste y que no llegó, el mañana que anhelabas tontamente como San Agustín para vivir la vida del espíritu? ¿Eres feliz? No, no me respondas eso; no te creo. Si eres feliz deseará s un presente sin futuro, un hoy sin mañana, un momento actual, como el de ahora mismo, sin el que venga y sin el que marchó. Si eres feliz, no acariciarás una esperanza, ni forjarás un sueño, n i desearás cosa alguna. ¿Y no deseas nada, ni forjas nada, ni acaricias nada? ¿Morirías ahora satisfecho de ti mismo? ¿No has muerto en parte, lector? Sí, sí has muerto en parte; todos hemos muerto en parte. Deseamos lo que marchó y deseamos lo que vendrá, pero cuando venga, desearemos más y siempre más . El tiempo, es una sombra; no hay presente, sino un pasado que presente nos enojaba y un futuro que cuando sea actual nos enojará también. De los muertos nos separa sólo la ilusión del tiempo. Ellos vencieron la cuesta y nosotros empezamos a vencerla. Hoy doblan por ellos; mañana doblarán por nosotros ¿qué mas da? La tierra, con burlona indiferencia, nos recogerá a todos. Amigo mío: es tu fiesta hoy y tu te engañarás creyendo que vives verdaderamente. ¿Vale tu juventud los sueños que te proporcionó de adolescente?¿Vale tu vejez los anhelos de tu edad madura? ¿No te molesta tu odiosa, tu monótona, tu etérea compañía? ¿No rectificarías tu vida después de tu muerte? ¿Acaso no la estás rectificando?
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS.Alba de Tormes 2-XI-911.
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2 de noviembre de 2011
Día de difuntos
Una vez más traemos a estas páginas un artículo de José Sánchez Rojas. Se publicó tal día como hoy en "El Adelanto" hace ahora cien años.
5 de octubre de 2011
La emigración y el problema del campo
Así se titulaba un artículo escrito por José Sánchez Rojas y publicado en el semanario "La Actualidad" de Barcelona. Dicho texto fue recogido por un periódico ilustrado salmantino de la época, titulado "La Ciudad" y publicado en su edición del 22 de Marzo de 1913. Casi cien años más tarde seguimos hablando de la despoblación de nuestra provincia.
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Castilla se despuebla lentamente: de mi provincia de Salamanca llegan continuamente a las redacciones de los periódicos noticias de que han emigrado ochenta vecinos de tal aldea, cuarenta y cinco de tal otra.
El éxodo de los pobres gañanes es continuo y desesperado. Los partidos de Ciudad Rodrigo, Ledesma y Vitigudino son los que dan mayor contingente a la emigración.
Castilla se despuebla lentamente.
Y no se van los gañanes a las Américas; los echan. Hay un pueblo, Boa-dilla, que tendrá que emigrar enmasa, si Dios no lo remedia.
Los vecinos del pueblo—todos los vecinos,—son renteros de una dehesa. El señor único ha ido doblando las rentas, sin que la producción haya doblado, sino menguado, a fuerza de esquilmar y apurar el jugo de la tierra cansada y anémica. La cosecha del año último ha sido muy mala. Es difícil, si no imposible, que se llegue a una transacción entre el dueño, el señor Duque de Valencia, y los vecinos de Boadilla. No es este el único caso agudo del problema agrario en mi provincia de Salamanca. Un pueblo — el de Campocerrado—desapareció también; el dueño lo convirtió en un coto cerrado; en otros sitios los conejos y las perdices echan a los hombres.
Y en todas las aldeas, el mismo apuro. Fueron primero los gañanes los que se hicieron la competencia; con tal de explotar una dehesa o una yugada, ellos mismos subieron el valor de las rentas y el dueño, naturalmente, aceptaba la proposición más ventajosa que le ofrecían los solicitantes, Es muy castellano el refrán de «quédeme yo tuerto con tal que se quede ciego el vecino». Los labradores que se perdieron de tan peregrino modo no tienen número en los anales curialescos de la provincia. Como la tierra disminuye de valor, como el mundo produce más trigo del que se consume, como en el mercado hay alzas y depresiones artificiales cuyo secreto no conocen los gañanes, unos años con otros, los de la buena y la mala cosecha, ha ido acentuándose visiblemente la crisis
Y luego, el absentismo de contera. Y de contera también el administrador, de peor entraña que el amo, y el abogado del amo, de peor entraña que el administrador. Y un Parlamento, como el nuestro, formado como sagazmente me dice el querido maestro Unamuno en una carta, «de ricos, que son los menos malos, de administradores de ricos que son ya peores, y de abogados de ricos que son los peores de todos»; un Parlamento que no se entera de nada, que legisla para la Puerta del Sol, que evitó -en su contextura espiriutual- que Canalejas llevara adelante sus reformas sociales, cuando Canalejas podía haber sido -lo dice también Unamuno- el Lloyd George español.
Y una opinión muerta, preocupada solo de si Romanones sigue tirando en el poder unos cuantos meses, de si la Gova canta mejor el «Ven y ven» que la Paquita Escribano, de si Azcárate vuelve o no vuelve a Palacio. Y de contera también -esto no lo dejo en el tintero- un socialismo obrerista como el nuestro, hermético, cerrado a toda renovación, que se cuida del problema del taller y de la fabrica, pero que no conoce el del campo; que tolera que en el partido de Vitigudino, provincia de Salamanra, gane el obrero agrícola ¡treinta y cinco céntimos! por varear la aceituna desde el alba hasta la una de la tarde:
Por ganar siete perras
con la aceituna
te pones con el alba
y hasta la una!
que permite que en Andalucía coman los obreros ese gazpacho negruzco, duro como la piedra, que exhibió el señor Salillas en el Congreso.., ¿Donde, dónde estará la salvación de mis gañanes de la provincia de Salamanca, de los pobres gañanes de las provincias castellanas, extremeñas y andaluzas—que yo hablo concretamente de mi barrio que es lo que mejor conozco?
Como reacción, como defensa, asoma y apunta ya un socialismo agrario, que comienza tímidamente, pero mucho me temo que parará en una expansión anárquica.
Observo con atención los primeros balbuceos de este sentir del campo. Es resignado y sombrío el gañán; tiene algo del fatalismo del árabe; cree que ha nacido para bestia de carga y soporta todos los golpes sin exhalar una sola queja. ÍNo veáis, amigos míos, en mis frases, sino amargura. Esta amargura rezuma en las pastorales del señor Obispo de Ciudad Rodrigo, diócesis agrícola, cuando trata valientemente de estos problemas; el Obispo, nacido en tierras catalanas, el doctor Barbera y Boada, es un santo varón, cristiano y docto, que advierte todos los peligros que empiezan a amenazar.
Los obreros se asocian y se federan; nada tienen que ver estas asociaciones con la organización socialista oficial: sacerdotes, profesores, escritores y periodistas -entre los que tengo la dicha de contarme- hemos sido los primeros en dar la voz de alarma, en evitar que la unión aldeana sea síntoma de violencia, en encauzar y dirigir estas defensas naturales, para bien de todos. Pero no nos hacen caso. Es más; nos motejan de disolventes y enredadores. Y cuando estalle, por excesiva presión, la caldera, se nos dirá que hemos sido nosotros los que hemos atizado el fuego.
Bien esta: no nos importe. La conciencia del deber cumplido indemniza de todos los malos ratos. Pero me place trasladar a la noble y austera Cataluña estos ecos de dolor, estos aullidos de protesta sorda, de mi tierra castellana. Fuera de la metrópoli, los emigrantes engrosarán las filas de los descontentos y de los fracasados. Y ellos se sumarán, después, a esas torpes expansiones antiesnañolas de todos los majaderos que no nos conocen.
Del favor oficial... ¿que cabe esperar? El señor Gasset -uno de los ministros más ruidosos que hemos tenido, el que asistió a más banquetes, el que colocó más primeras piedras,- resolvió una vez la crisis de un pueblo salmantino, de Boada, que quería marchar en masa, con el médico y el cura a la cabeza, a la República Aruentina, cediendo a los gañanes que querían irse campos para experimentación agrícola. No necesitaban experimentaciones los pobres labriegos, sino tierras, que es otro cantar.
De aquel pueblo que quiso marcharse, no se enteró el publico hasta que Ramiro de Maeztu, desde Londres, denunció el caso a la vergüenza pública. El señor Gasset, que habló de la emigración careliana el año pasado en la Cámara de Comercio de Madrid, equivocando, en lo que a Salamanca se refiere, todos los datos, hasta el punto de considerar como despoblado y solitario uno de los pueblos que gozan de mayor pujanza, Gallegos de Argañan, del partído de Ciudad Rodrigo, resolvió de tal suerte el pleito. Y yo no supe qué hacer, si reírme o llorar, ante solución tan estupenda. Solución que era, además, simbólica.
José Sánchez Rojas.
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1 de septiembre de 2011
La Plaza del Corrillo
Un nuevo artículo de José Sánchez Rojas sobre la plaza del Corrillo, uno de los rincones más típicos y encantadores del centro de la capital charra. Por cierto, si queréis saber más y leer más sobre este escritor salmantino, podéis pasaros por el excelente blog "Entre el Tormes y Butarque":
http://entreeltormesybutarque.blogspot.com/search/label/Sánchez Rojas
http://entreeltormesybutarque.blogspot.com/search/label/Sánchez Rojas
Estampas de España.
Los Porches del Corrillo
Rasgado el arco de San Martín, sin la escalerilla típica, los porches del bien amado Corrillo salmantino continúan siendo el último refugio de la escolaresca. ¡Viejos colmados del Fraile y de la Obdulia, cuánto sabéis vosotros de los holgorios estudiantiles, cuando el dinero de la mesada, mil veces hurtado a la patrona, riñe su batalla para salir del bolsillo! Vinillo claro de los Villares, plato sabroso de picadillo, hornazos y empanadas recientes. Y después, la excursión a Tejares, los mesones solitarios de las Barcas, el río espejándose en los olmos polvorientos y centenarios de las orillas; la mirada de la moza prometedora que sabe dar alegría para todo el día. Excursiones que en el Corrillo empiezan y rematan en el Corrillo; pegotes barrocos que en-rinchan la iglesia de San Martín; porches que conocieron los devaneos de Don Diego de Torres y Villarroel y las estadas de los pícaros hartos de la sabiduría rugosa de los libros, el Corrillo salmantino es hermano del Potro cordobés y del Zocodover toledano.
Pocas estampas salmantinas de trazo más claro y de relieve más saliente. En esta plaza ya crece la hierba cuando la ciudad anda dividida en bandos y el pobre San Juan de Sahagún no da paz á la mano y á la lengua tratando de volver la tranquilidad a los espíritus. Muy siglo XVI, esta plazuela, cuando la fábrica románica de San Martín no conoce aditamentos y pegaduras de épocas posteriores, en ella se celebran las francachelas de los grados y la buena suerte de los favoritos en escalar rejas y besar doncellas á hurtadillas. En el XVII sigue la tradición de sus colmados y tabernas, de sus callejones accesorios y de sus rincones ocultos á la mirada de los ociosos. En el XVIII, con D. Juan Meléndez Valdés, solterón y siempre acompañado de la sobrina pacata que conociera Jovellanos, el Corrillo continúa siendo, además del acceso natural a la Rúa que pone en relación el Centro con la Escuela y el paraje más corto para el Colegio del Espíritu Santo de los Hijos de Loyola, el lugar frecuentado por los arcades que van á oir los discursos y alegatos forenses de Don Juan al final de la plazuela y descienden luego las escalerillas, para saludar al clérigo catarroso de D. José Iglesias de la Casa, que vive en la Plaza, á la misma vuelta. En el XIX, los amigos de Toribio Núñez se reúnen bajo los soportales para romper el medallón de Fernando VII, y los de Sánchez Ruano y Rodriguez Pinilla —auxiliados por los carboneros de Matilla de los Caños— vigilan á los carlistas en días de revueltas electorales. Y en el XX, la misa de doce de San Martín, oída por las bellas, borda los mejores ensueños estudiantiles al cobijo del arco que se rasgó.
E! Corrillo salmantino, más grabado en la memoria de los mozos que el encaje plateresco de su escuela, es, para los que han estudiado y amado en Salamanca, el paraje que más gratamente se recuerda. Hace años, yendo nosotros al frente de una tuna por los pueblos del Norte, el alcalde de Bilbao nos recordaba, con emoción sincera, los figones del Corrillo. Y ellos y el café de la Perla, y los billares del Pasaje, y el picadillo de Tejares, y los bailes domingueros, á la calda de la tarde, de Villares y de Aldealengua, ocupaban en su espíritu un lugar al lado de las lecciones de los Arés y de los Dorado, de los Unamuno y de los Gil Robles. Una tempestad de aplausos de los muchos resonaba en el hall del Municipio bilbaíno cuando el alcalde terminó de evocar su juventud. Exaltemos el Corrillo; los cronistas oficiales, que vegetan entre infolios amarillentos á espaldas de la vida, desconocen el Corrillo, acaso porque nunca han tenido juventud. Al lado del goce de las piedras de oro de los palacios y de las casonas hidalgas, hay que conocer un poco el vinillo nuevo del Fraile para gustar del hechizo de aquella ciudad, que enhechizaba á Miguel de Cervantes, amigo de las algaradas de los patios y de las aceitunas sabrosas y del vino del Guadalcanal de las tascas y de los figones.
José SÁNCHEZ ROJAS
Nuevo Mundo, 5 de Julio de 1929
29 de julio de 2011
Salamanca, Residencia de Estudiantes
Ese es el título de otro artículo publicado por José Sánchez Rojas en la revista Mundo Gráfico en Junio de 1930. Nos habla de la posible conversión del Palacio de Anaya en Residencia de Estudiantes. Casi cuarenta años más tarde, el mencionado Palacio albergaba la Facultad de Ciencias y allí recibi las primeras clases en mi debut universitario. Por aquel entonces se estaba ya terminando el moderno edificio -sede hoy de la facultad de Ciencias Químicas- situado en la Plaza de la Merced en las inmediaciones de la Peña Celestina. De hecho, mi segundo año en la Facultad se desarrolló ya integramente en el nuevo edificio.
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Con el ascenso al Rectorado de la Universidad de Salamanca del ilustre catedrático de Historia don José María Ramos Loscertales, uno de los más preclaros discípulos de los señores Hinojosa y Menéndez Pidal, vuelven a cobrar actualidad universitaria viejos temas que se habían olvidado con las interinidades y vacilaciones. El pensamiento de dotar a Salamanca de una Residencia estudiantil decorosa torna a agitarse intensamente durante estos días. Y ahora que tenemos un rector y unos decanos mozos, que se han paseado por Europa y saben cómo se aderezan ciertas instituciones en ella, es el momento de pensar en dar cima a este proyecto, uno de los mas acariciados por la opinión salmantina.
Se piensa en remozar el viejo Colegio de San Bartolomé, fundado por el obispo Anaya, a la usanza de los que creara en Alcalá de Henares el cardenal Jiménez de Cisneros.
El Colegio de Anaya tiene una brillante historia bien unida a la de la Universidad. Sus colegiales eran los mas aristocráticos y señoriles de la Escuela. Habían de tener la sangre limpia, no contaminada de ascendencia mora ni judía, y magníficos expedientes académicos. Por cuestiones de etiqueta, mas de una vez hubieron de pelearse con los titulares del Cabildo catedralicio. De aquel Colegio salieron muchos cardenales, virreyes, oidores y secretarios de despacho. Suprimidos los Colegios Universitarios en la pasada centuria, el Palacio de Anaya fué, sucesivamente, Gobierno Civil y cuartel. Después ha servido para instalar las oficinas del Rectorado y de la Junta de Colegios. Y en la actualidad se ha pensado que puede y debe dedicarse a Residencia, ya que es propiedad de los Colegios, y que, con ciertos revocos y remozamientos imprescindibles, puede trocarse en Casa de escolares colegiados, ya que Salamanca cuenta con varias docenas de ellos, algunos do los cuales han vivido así hasta ahora, como los del Colegio de San Ambrosio.
Nada más espiritual y pedagógico, en efecto, que libertar a los chicos de esas horrendas casas de huéspedes de las viejas ciudades universitarias, donde toda incomodidad tiene su asiento y donde no hay espacio ni reposo para el estudio ahincado y para la serena meditación. Con esas pesetas que recuperó la Escuela Salmantina durante la Dictadura, y que sirvieron de pretexto a una minoría de claustrales para fabricar un doctorado honorario de duración efímera, debieran adecentarse los viejos edificios universitarios que aún conserva la ciudad y aplicarles a su primitiva condición de posadas y hostales estudiantiles. Bien adecentados, eso sí, y con todos los adelantos que reclaman la urbanización y la higiene de nuestros días Salamanca podría conservar de esta laya sus mejores inmuebles, ya que dota a buen número de sus escolares, mediante oposición, de bolsas de viaje por el Extranjero, además de costearles todos sus gastos durante la licenciatura y el doctorado de las cuatro Facultades que se cursan en la Universidad.
José SÁNCHEZ ROJAS
Salamanca, Mayo, 193O.
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23 de julio de 2011
La Posada de las Cadenas
La Posada de las Cadenas desapareció en Salamanca a comienzos de los años treinta. Estaba situada según parece en la calle Pozo Amarillo frente a la calle de los Caleros. José Sánchez Rojas, el escritor y peridista de Alba de Tormes publica en Mundo Gráfico (21 de Enero de 1931) un artículo sobre la desaparición de este emblemático edificio salmantino.
La sombra de Calixto
Muy pronto va a desaparecer en Salamanca la clásica Posada de las Cadenas. Tiene una bella tradición esta posada: fué palacio de los Reyes Católicos; en ella nació aquel Príncipe don Juan, que fue guapo mozo, enamoradizo y rubio. Tal vez, de no haber muerto tempraneramente este guapo mozo, los destinos de nuestro pueblo hubieran sido harto diversos. Pero el sino de don Juan fué breve y melancólico. Cuando le parió su madre hubo eclipse total de sol en la urbe. Y una íuerte inundación del Tormes. Aquel buen bachiller talaverano que se llamó Rojas y Montalbán hace alusiones a estos cataclismos en su linda tragicomedia. Porque el buen Calixto, que se mira en los ojos verdes de Melibea, es nada más y nada menos que el lindo Príncipe, enterrado, como sabe el lector, en la iglesia de Santo Tomás, de Avila. Con la desaparición de la Posada de las Cadenas y de los bellos ajimeces que decoran sus balconeras de hierro, ya no queda otro escenario salmantino de la tragicomedia que las tenerías, junro al río. Por allí tuvo su casita, baja y discretamente asentada, la buena madre Celestina.
Al cobijo de la peña de su nombre, la vieja, que no fué ese monstruo infernal que nos describe Cejador, ni mucho menos, arreglaba sus hierbas y sus perfumes pata trastornar a los mancebos. Pero los mancebos no habían menester de tales niñerías para quererse. Calixto hubiera amado del mismo modo a Melibea, Melibea, igualmente, se hubiera mirado en los ojos de Calixto. Las terceras, en todos los tiempos, son un puro artículo de lujo, que viven parasitariamente de las inclinaciones naturales de la juventud. Harto lo saben las herederas legítimas de la buena madre salmantina. Pues el escenario donde se movía la buena vieja sigue en pie en la ciudad académica y doctora. Podemos evocarle con fuerza todavía. El Convento de los Mercedarios, donde el buen Tirso compuso algunas de sus comedias mejor parladas y donosas, decora la prominencia de un cerro. Abajo se extienden las tenerías. El puente romano corta la visión de los sotos de los Arapiles y la más lejana de la Sierra de Gredos.Desaparecen las huellas de Calixto y quedan las de Celestina. Esta Posada de las Cadenas, que se trocará dentro de unos meses en una casa más, acaba con la huella del buen Príncipe don Juan. En cambio, el mundo celestinesco se agrupa, detrás de la Peña, en un mundo aparte, que aprovecha el cobijo de la Escuela. Los Calixtos de ahora, para gozarse en el deleite de unos ojos verdes y serenos, siguen creyendo en la necesidad de una tercería, que, lejos de precipitar, embarulla y ensombrece sus trotes y retrotes de buen amor.
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
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21 de julio de 2011
Toros en el campo
Hace un par de días publicábamos en este blog un artículo de José Sánchez Rojas relacionado con el mundo de los toros y con Bañobárez. Traemos hoy a colación otro del mismo autor y del mismo tema, los toros. Creo que va siendo necesario hacer una entrada específica para este escritor y periodista salmantino, natural de Alba de Tormes, y que tanto y tanto escribió sobre nuestra Tierra Charra. Lo que sigue a continuación fue publicado en "Mundo Gráfico" en Septiembre de 1929.
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| Encierro de los toros para la corrida del Montepío de Toreros lidiada en Madrid |
Ganaderos del campo de Salamanca; siempre ganaderos...
En Moral de Castro,Lamamié de Clairac, y en Terrones, los Sánchez Rico, y en San Fernando, Antonio Pérez Tabernero, y en Pedro Llén, Juan Terrones, y en Monzarbitos, el joven marques de Albayda, y los Sánchez en Coquilla...
Manchones de encinares verdinegros en el horizonte, y tierras barbecheras, y trigales, y cebadales. A cuarenta kilómetros de Salamanca, Terrones, en busca de Santiago y Fernando Sánchez Rico, que forman rancho aparte. Son estos días la actualidad taurina. Hace poco apartaron los toros para la corrida del Montepío de Toreros en Madrid, que jugaron Márquez, VilIalta, Marcial y el Niño de la Palma. Ahora me invitan á presenciar la selección de toros que han de lidiarse en la inanguración de la nueva Plaza de Huesca. Bonitos ejemplares... Hay un Carbonero núm. 22, negro; un Estornino, núm. 21, negro tostao, entrepelao, de estupenda lámina; Un Granadino, en fin. núm. 23. negro. Toros noblotes, pastueños, bravos y alegres. Joselito los buscaba siempre para la lidia.Ganaderías prestigiosas, tienen en sus anales páginas muy curiosas por las orejas que con ellas ganaron, en tiempos memorables, Joselito y Belmonte.
Los toros en el campo me divierten mucho más que en el ruedo. Hasta las fieras son solamente fieras ante el acoso de los hombres. Podemos vivir entre ellos, cara á las encinas, acariciarles el morrillo, tocarles el testuz, jugar con los cuernos... No hay peligro de que se desmanden. En esta tierra mia, académica y universitaria, el interés se va desplazando de la ciudad hacia el campo; mientras los doctores dormitan, descansando en los laureles que les ganaron en tiempos pretéritos otros maestros, estos toritos, descansando al sol, preparan, tardes españolísimas de arte y de valor á nuestros lidiadores.
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
Salamanca, 1929
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19 de julio de 2011
La capea de Bañobárez
El escritor y periodista José Sánchez Rojas, natural de Alba de Tormes, nos describe en el reportaje que vamos a insertar a continuación una capea celebrada en el pueblo de Bañobárez en 1930. La crónica, publicada en Mundo Gráfico, bajo el título de "En los campos de Salamanca. Capea en Bañobárez" nos describe una becerrada celebrada en dicha localidad charra.
Llama la atención que interviniesen en la misma dos toreros de "postín" de los de entonces Félix Rodríguez (se retiraría dos años más tarde) y Nicanor Villalta. Asimismo, podemos ver una plaza bien montada. Dado que las fiestas de Bañobárez son en Septiembre, cabe preguntarse por qué se celebra una capea de este tipo en el mes de febrero. La respuesta la intuimos en la pancarta que adorna la balconada donde se situaría la presidencia del festejo. Creo poder afirmar que las dos primeras líneas dicen "Sociedad de Socorros Mutuos de Bañobárez". La última me resulta más ilegible, pero pudiera decir ¿"Donativo de Guillermo Martín"? por lo que posiblemente el festejo fue organizado con el fin de recaudar dinero para dicha Sociedad.
BAÑOBÁREZ, puebluco empotrado enfrente de Barca d'Alva, cerca de la frontera portuguesa. Becerrada con ases; con Félix Rodríguez y Nicanor Villalta, amigos del amo Alipio. Félix Rodríguez, de chaquetilla blanca, de pantalón entallado, con gorrilla de golfo madrileño, está en su propia salsa. Nicanor, de negro, infantil y animado como siempre, parece el baturro que va de ferias a Ayerbe a cantarle joticas a la Virgen en la fiesta y torear, de paso, los becerretes que le echen. Calleja, el novillero, entre los dos ases, piensa en las tardes de triunfo que le esperan. Los mozos de estoque de nuestros amigos, lejos de los barullos y recados tan complicados de la mañana de corrida, descansan y fuman como dos bienaventurados; los aficionados que arrojan el guante a los espectadores se dan cuenta, ante el roce con los ases, de la grandeza de su profesión y de las alegrías y amarguras que son inherentes al triunfo ó al fracaso. Alipio Pérez Tabernero, con su eterna sonrisa infantil y su hermano Antonio están a los quites de Bero, el pelotari, que con sus arranques primitivos de vasco bien alimentado, borra, por contraste, el cuadro que componen los toreros con su proverbial seriedad y los amigos que les servíamos de contraste y de compaña. El almuerzo, con el clarete traído de las bodegas de estas tierras del Duero, y los pimientos asados que son gloria pura, no puede ser más pintoresco y atractivo. Los músicos van a buscarnos para llevarnos al café, y a los compases de un pasodoble salimos todos, conscientes de nuestra importancia en las calles de Bañobárez. Alipio dirige el cotarro, y el alcalde multiplica sus atenciones con todos. También en comitiva, desde el casino, nos trasladamos a la plaza, y ante aquellos carros, ante aquellas mozallonas sanotas como manzanas y fuertes y bravas como jayanes, ante aquellos pañuelos, y aquellas sayas, y aquella sobriedad en el vestir de los labriegos, y ante el traje adomingado del señorío de los contornos, D. Francisco de Goya y Lucientes hubiera hecho un aguafuerte más, La capea de Bañobárez, en su rica colección de estampas, con esta leyenda: «En Bañobárez de Salamanca. No ai remedio. La afición nos come.»
Todo ha sido gracioso y españolísimo en Bañobárez. Villalta, confiado y alegre como un niño grande que es el buen baturro, estropeó los pantalones entallados en la refriega. Félix recibió también un serio achuchón de uno de los becerretes de Alipio, que salió bravucón y pegando. Nos divertimos de veras en la lidia. En las últimas lloras de la tarde regresamos a Salamanca. Yo me encajono en el auto entre los paquetes de banderillas y las prendas rojas de los achiperres de los mozos de estoque. Yecla. Vítigudino. Encinares, dehesas. Villar de Peralonso, y Zafrón, y Villarmayor.
Todos estos caminos no son sino recuerdos para mi, recuerdos de gentes y de escenas que llevo bien grabadas en el espíritu. Golpejas, y el recuerdo de un cochero gordo. La calle larga de Doñinos. El puente de la Salud. Novelty... Fatigados vamos a la cama a dormir como los ángeles, hasta el amanecer del día siguiente.
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS
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23 de noviembre de 2010
Puerta del Río
Puerta del Río. Fotografía de Albert Calvert, 1908
La Puerta del Río era una de las más antiguas que existían en las murallas que cercaban la ciudad de Salamanca. Se conocía también con los nombres de Puerta de Hércules o de Aníbal, y estaba situada al final de la calle Tentenecio.
Copiamos a continuación un artículo sobre dicha puerta, publicado en "La Esfera" en el año 1929 y cuyo autor fue José Sánchez Rojas -en realidad se llamaba José Jorge Sánchez Domingo- , un escritor y periodista, discípulo de Unamuno en Salamanca, que se licenció en Derecho por dicha Universidad y se doctoró más tarde en la de Madrid. Ha sido considerado una persona un poco "bohemia y estrafalaria" que tuvo frecuentes problemas con las autoridades gubernativas. Fue encarcelado en el año 1917, el de la famosa huelga revolucionaria, y más tarde deportado a Huesca por manifestarse en el transcurso de actos políticos a favor de Unamuno. Murió en 1931. Había nacido en Alba de Tormes el 19 de Abril de 1885.
El artículo dice así:
Puerta del Río, en Salamanca. Visión clásica de la ciudad del siglo XV, del XVI, del XVII, de todos los siglos. Visión clásica: las torres de las catedrales espejándose en el Tormes, y el campanil universitario arañando el cielo azul, y las torres barrocas de la Clerecía, y el cuadrilátero de la Merced —morada de Tirso de Molina— y los Caídos, por donde vaga la turbia sombra de la madre Celestina. Casucas de piedra del XVII, del XVIII, un pretil, una cruz, el rasgado arco de Aníbal, la halconera graciosa, cara al paisaje ancho del Colegio de San Ambrosio.
Puerta del Río, en Salamanca. Visión literaria de la ciudad y estampa salmantina por excelencia. 1492. Nos apoderamos de Granada. Los romances dicen loanzas de una reina que monta a caballo y se rodea, en Santa Fe, de las damiselas más bonitas de su reino. Un hijo de Fernando y de Isabel, Don Juan, ha nacido en Salamanca; todavía se conserva el caserón de las Cadenas, donde nació. Es enamoradizo y galante el príncipe; ha frecuentado los estudios de la ciudad; el vulgo le supone enamorado de una preciosa muchacha de ojos verdes, insinuantes, de preciosa figura. Un bachiller talaverano, Rojas y Montalbán, compone en Salamanca la tragicomedia de los amores de Calixto y Melibea. Todos ven en Calixto la figura del príncipe; de Melibea sospechan los bien enterados que se trata de una graciosa chiquilla. En la Puerta del Río vive Melibea —ojos verdes, insinuantes, mimoso hablar—. La madre Celestina vive en una casita, cerca del río, que hay junto á las tenerías.
Puerta del Río. Alborea el siglo XVI. El Lazarillo, que ha nacido en un molino de Tejares, viene a Salamanca todos los días por el Puente Romano, y gana la Puerta del Río, para internarse luego, por la de Tentenecios, en la ciudad. Hampón y estudiantes se entienden perfectamente. De la Escuela ha surgido siempre un ambiente de picardía que es corolario preciso de todo ejercicio mental. Lazarillo hurta el vino de la bota al ciego. Por el Puente van los estudiantes a visitar las buenas mozas que salen en barcas adornadas de ramos los días santos de Semana de Pasión.
Puerta del Río... Postrimerías del siglo XVI. Agosto. Por el Puente llegan cargados carros de trigo para los colegios. Una monjita, Teresa de Jesús, camina por este puente en una mula, o en un asnillo, o en un carrito. El carrito lleva una estampa de la Virgen dentro y una pila de agua bendita, y una esquilita para llamar a la oración a las pobres mujeres que lo ocupan. Camino de Alba, donde ha de morir Teresa. Camino de Peñaranda y de la corte; ringleras de solicitantes, de hampones, de arbitristas, de gente aguda y ociosa qué no puede sorber la quietud de la ciudad. Por este puente va Juan de Fontiveros a Duruelo y a Baeza. Por este puente van los cortesanos del duque Don Fernando a gozar de las delicias del castillo ducal. Por la Tuerta del Río bajan los irlandeses a bañarse en la Chorrera. Frailitos de hábito café, y de hábito blanco, y de hábito negro, y con una cruz al pecho, pasean, puente adelante, las tardes soleadas.
Puerta del Río; siglo XVIII... Paseos de Jovellanos a los Tejares, de Meléndez, de Iglesias de la Casa, de Sánchez Barbero, al Zurguén. Poesía bucólica, y de talco, y de taracea, y de mentirijillas. Cloris rubias y Filis morenas que corresponden a Batilos enamorados cabe los chopos y álamos del río. El toro romano del puente preside el idilio de cartón.
En el Arrabal habitan gitanos y feriantes. Los robos de la ciudad se fraguan en este arrabal quieto y silencioso, relleno de mesones y de botillerías, Las ferias de la ciudad se sitúan en el Toro.
Siglo XIX, Puerta del Río. Uniformes franceses, muchos uniformes. El general francés es nombrado doctor honoris causa por el Cabildo de la Escuela; cuando se acaba la ocupación es revocado el nombramiento. Tropas aliadas: portugueses, ingleses, flamencos de ojos claros. Lord Wellington vive en el palacio de San Boal; el arrabal del Puente es un campamento; se prepara el glorioso desquite de los Arapilcs. Los dos tesos se perfilan allá, al Este, antes del manchón zarco de la Sierra de Béjar, recortando el horizonte limpio, entre montes y encinares. De la Puerta del Río salen las tropas que han de ganar los cerros y han de aplastar después a los residuos de las tropas de Marmont en la cuesta de Hijosa y en el descampado de Garcihernández. Goya, en un cochecito de mulas, viaja con el duque de Ciudad Rodrigo.
Puerta del Río, siglo XX. Ferias de Septiembre de 1929. Siete de la mañana. Piedras rojas, cielo azul. Merinas, caballos, mulas por el puente. Charros caballeros con su sombrero cónico y su chaquétilla de caballistas; en la camisola rizada lucen botones de filigrana. Buhoneros, viandantes, arrieros, serranos con cargas de frutas de Becedas y del Barco, armuñeses, campesinos de Vitigudino que ya tienen facha aportuguesada, quincalleros que andan siempre de querellas con la justicia... Puerta del Río, en Salamanca.
José SÁNCHEZ ROJAS
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| Casas de la Puerta del Río. Fot. Ansede |
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