Mostrando entradas con la etiqueta Accidentes. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Accidentes. Mostrar todas las entradas

14 de febrero de 2014

Las carga el diablo y ...

En todo tiempo se ha dicho que las armas las carga el diablo y las disparan los ... (aquí podéis poner el colectivo que queráis). Y eso fue lo que ocurrió en febrero de 1914 en una conocida armería salmantina. Asi lo contaba el periódico El Salmantino.

Serían próximamente las seis menos cuarto de ayer tarde, cuando ocurrió el suceso que reseñamos y que pudo tener fatales consecuencias para una joven criada. A dicha hora se presentó en la acreditada armería de don Manuel Cárdenas, establecida en la calle de San Pablo, una mujer llamada Florentina Borrego Montejo, con objeto de comprar arenilla para limpiar las sartenes del parador de San Juan de Sahagún, situado en la plaza de la Reina, y en el cual se halla sirviendo. Mientras Florentina esperaba que despacharan su encargo; el señor Cárdenas se hallaba examinando con un comprador una pistola Browing, e ignorando que estuviera cargada, disparó con tan mala fortuna que el proyectil fue a parar al cuerpo de mencionada joven.

La infortunada Florentina se echó mano al pecho por el cual brotaba abundante sangre. El señor Cárdenas impresionado grandemente por el doloroso suceso, ordenó que trasladasen a la herida a su domicilio, pero la criada se opuso a lo propuesto por el dueño de la armería y también a que la llevasen a la Casa de socorro, marchando por su pie al parador de San Juan, acompañada por varios dependientes de la casa.

El público al oir el disparo acudió en gran número deseoso de enterarse de lo ocurrido, suceso que se propagó inmediatamente por toda la ciudad.

En su domicilio fue curada Florentina, por los médicos señores Petit y Mezquita, apreciándola una herida de trayecto oblicuo con orificio de entrada en la región pectoral derecha, habiéndose colocado el proyectil en la misma región del lado opuesto, teniendo necesidad de una contraabertura para la extracción de la bala.

El trayecto de la misma interesó la piel y el tejido subcutáneo, siendo su pronóstico reservado.

Acudió el juez el cual tomó declaración a la herida, la cual se hallaba esta mañana en estado de bastante mejoría.

Florentina Borrego, tiene 18 años y hacía cinco días que entró al servicio del dueño de mencionado parador, don José Marcos, en donde ya había estado otra vez.

Dentro de lo que cabe, la cosa no terminó tan mal como pudo haber sido.

7 de junio de 2012

Desgracias de primera

Hace ya cien años se comenzaban a notar los terribles efectos sobre la vida de las personas que tenía la aparición de los automóviles en las calles y caminos de nuestras ciudades y pueblos. Y también el diferente tratamiento con el que la prensa solía recoger este tipo de accidentes. Había desgracias de primera y desgracias de segunda o tercera. Traemos hoy a estas páginas una reflexión publicada en El Adelanto hace ahora justamente cien años.

Desgracias de primera

Conmovedora es siempre la desgracia, y más si se exterioriza con sangre, y más si la desgracia se ceba en personas de la alta sociedad. Porque la desgracia, recayente en uno ó más congéneres nuestros, hiérenos en el espíritu fraternal que nos anima, y represéntanos la hora en que, como hijos de una misma madre, podemos hallarnos en idéntica situación a la de los desventurados; y porque la sangre es muy escandalosa, y porque los seres distinguidos están por encima de las muchedumbres, rasas, anónimas, obscuras, y éstas los ven a ellos, mientras ellos no ven a las muchedumbres, no reparan en sus atómicas y conglomeradas individualidades, cuando ellos caminan en sus automóviles raudamente, vertiginosamente. Así, notareis quizá que un día y otro mueren, aplastados, despanzurrados, laminados por los automóviles, hombres, niños, mujeres, jóvenes y viejos, pues la fuerza no repara en sexos ni edades, y como esas víctimas pertenecen a las clases humildes, con cuatro líneas a manera de epitafio gratuito puesto en los periódicos de gran circulación, pasan al otro mundo sin ser vistos ni escuchados. Pero estos días se trata de personas relativamente notables, de una clase intermedia, que montan en auto por derecho natural ó cuando menos adquirido, ¡y cómo llenamos las planas periodísticas con el relato circunstanciado del tremebundo drama! "Ayer tarde fue atropellado por un automóvil un anciano de setenta y seis años. Murió instantáneamente. El chauffeur fue detenido." Este es el cliché estereotipado para los míseros peatones, para las víctimas sin clasificación extra. Y lo propio se escribe si en vez de un anciano se ha convertido en cibera ó papilla una mujer del pueblo, un chiquillo medio golfo, un cesante con seis hijos y la esposa embarazada. En casos como el último, allá van columnas y columnas, retratos y arte gráfico decorativo como el que pide Domenech, en El Liberal, para ilustrar debidamente el luctuoso suceso. Y es sumamente fácil evitar desgracias de esa índole: "con no subir a un automóvil... Qué cosa más sencilla; ¿verdad? Lo otro no hay quien lo evite, porque el auto se viene sobre uno... y ¡zás! ¡No somos nadie! En fin, no hay libro malo que no tenga algo bueno, y no hay labor periodística que no traiga su miaja de salvación; esas reseñas tan magníficamente decoradas donde se ponen tan de relieve los peligros del automovilismo para los mismos automovilistas, acaso refrenen el ímpetu de estos señores, resultando una ventaja que no han obtenido, en bien de todos nosotros, el alcalde saliente y el entrante de Madrid, con aquellos frenos reguladores, contensivos, etc., tan anunciados, tan cacareados.

ARGOS

El Adelanto, 29 de Febrero de 1912

 

21 de febrero de 2012

Se cae del tren en marcha

Los accidentes siempre han estado a la orden del día. También en los primeros tiempos del ferrocarril. Las medidas de seguridad en aquellos años debían de ser harto precarias. Seguramente accidentes como el que vamos a transcribir en esta entrada de hoy ayudarían a corregir ese tipo de deficiencias. A raiz de este tipo de situaciones se debió instalar en los vagones la conocida como palanca de frenado de emergencias que permitía a cualquier viajero parar el tren. En el caso que nos ocupa fueron los disparos de la Guardia Civil que viajaba en el tren los que alertaron al maquinista.
Un niño se cae de un tren en marcha.

En la línea férrea portuguesa, en el kilómetro 22, entre las estaciones de Villavieja y Bogajo (del ramal de Fuente de San Esteban a Barca de Alba), se cayó del tren descendente número 3, un niño de corta edad, hijo del abogado de Barruecopardo, D. José García Cuadrado.


El accidente ocurrió yendo el tren en marcha y fue debido a abrirse la portezuela del vagón donde el niño viajaba e ir éste asomado a la ventanilla. La guardia civil hizo algunos disparos que, oídos por el maquinista, paró el tren. El niño fue recogido a poca distancia de donde el tren paró, presentando tan sólo, afortunadamente, lesiones leves.


El Adelanto, 6 de abril de 1918

Podemos dar gracias a que la velocidad de aquellos trenes debía de ser más bien pequeña.


5 de noviembre de 2011

Accidentes

Hace cien años no eran tan frecuentes como lo son en la actualidad, pero también ocurrían. En aquellos tiempos eran obviamente los carros los principales implicados en este tipo de eventos. Y algunos de ellos llegaban incluso a provocar la muerte de alguna persona. Sobre todo cuando el carro era arrastrado por un par de potentes mulas a las que, con frecuencia, se les exigía ir a más velocidad de lo aconsejable. Aquí tienen un ejemplo que ocurrió en Lumbrales y en el que uno fue al cementerio y al causante del hecho se le llevó a juicio y ... fue absuelto. Y uno, que de pequeño le tocó muchas veces montar en ellos , y a veces conducirlos (las menos), no se puede explicar como pudo ocurrir un accidente así, a menos que, .... ¡pero dejénoslo así!  Hay quien dijo no hace muchos años que la justicia era un cachondeo.  ¡Imagínense ustedes hace cien años!

Ayer se vio en la sala primera de la misma, el juicio oral procedente del Juzgado de Vitigudino, seguido contra el procesado Julián Rubio y Rubio, por el delito de supuesto homicidio. El dia 16 do Mayo, del año último, caminaba el procesado con un carro, de mulas, por la carretera que va desde Lumbrales a Fregeneda, y en la misma dirección, delante del carro, iba montado a mujeriegas, en un burro que había comprado aquel día en la feria de Lumbrales, el anciano Santiago Santano; al llegar el carro hacia el burro, se espantó éste, tiendo al suelo al Santiago, precisamente debajo de las mulas, y pasándole una de la ruedas por el vientre; a consecuencia de ello, falleció tres ó cuatro dias después. El acusador particular señor González, calificó el hecho de un delito de imprudencia temeraria por parte del Julián Rubio, derivada ésta de caminar el carro muy de prisa, sin tener en cuenta el que lo guiaba lo pendiente de la cuesta de Maripeláez. No obstante, el jurado, en conformidad con las pretensiones del fiscal señor Lasala, y el defensor señor Cobos, dictó veredicto de inculpabilidad, siendo absuelto el procesado.

El Salmantino, 31 de Marzo de 1911

5 de diciembre de 2010

Un accidente de autobús en 1932

Estado en que quedó el autocar despeñado el domingo último en una cuesta de la carretera de
Salamanca a  Béjar. A consecuencia de la catástrofe fallecieron cinco
viajeros y resultaron heridos todos los demás, algunos muy graves

UN AUTOCAR SE DESPEÑA EN LA CARRETERA DE BÉJAR
CINCO MUERTOS Y UNA VEINTENA DE HERIDOS

Dramática magnitud la de esta catástrofe automovilística de Béjar. Todos los domingos numerosísimas familias se trasladan desde Salamanca a Béjar para pasar el día. El domingo último, un autocar con veintisiete personas salió de la capital, y poco antes de llegar a Guijuelo el coche sufrió una avería. Descendieron los excursionistas y se dirigieron a pie a ese lugar.

Como pasaba el tiempo, pidieron otro coche para seguir la excursión. Llegó un nuevo autocar, continuó el viaje, y en el kilómetro 74, al bajar la cuesta, los frenos no funcionaron. El conductor, que seguramente no conocía bien la carretera, se metió por una curva pronunciadísima y fue a caer a un terraplén de 30 metros de altura.

El primer salto fue de diez metros y allí quedó medio coche. El resto cayó al río, con los viajeros. De éstos murieron cinco, y resultaron heridos todos los demás.

Nuevo Mundo, 12 de Agosto de 1932
El accidente causó honda impresión en Salamanca, de tal manera que el día del entierro cerró todo el comercio de la ciudad.