10 de octubre de 2007
7 de septiembre de 2007
Pregón de Fiestas 2007
25 de Agosto de 2007
Buenas noches
Sr Alcalde, Señoras Concejalas, Sres Concejales.
Queridos familiares, amigas, amigos, paisanos todos.
En primer lugar les ruego a todos Ustedes la máxima benevolencia y comprensión por mi atrevimiento al haber aceptado la responsabilidad de ser el Pregonero de las Fiestas de nuestra Villa en el presente año de 2007.
En segundo lugar, mi agradecimiento a la Corporación Municipal por haberme concedido la oportunidad de desempeñar esta tarea que, para mi personalmente, representa un alto honor.
Pese a las dificultades que un acontecimiento de este tipo entraña, acepté la invitación de “pregonar” nuestras fiestas por responsabilidad y por el afán de colaboración que tengo y he tenido siempre con nuestro pueblo.
Antes de seguir mas adelante con estas palabras, vais a permitirme que os tutee. Os pido que no lo entendáis como una falta de respeto. Lo hago porque, sencillamente, me encuentro más cómodo y me siento más cercano a todos vosotros.
Pregonero viene de pregón. Y pregón, según el diccionario de la Real Academia de la Lengua significa, entre otras cosas:
1. Promulgación o divulgación que en voz alta se hace en los sitios públicos de algo que conviene que todos sepan.
2. Discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella.
3. Alabanza hecha en público de alguien o algo.
Es evidente que este acto que estamos realizando, encaja en la segunda de las acepciones. No obstante, voy a desarrollar esta alocución tomando también como base las otras definiciones. De acuerdo con lo que termino de decir, este Pregón lo voy a dividir en tres partes. En la primera os contaré algunos hechos puntuales de mi vida, parte de los cuales aparecen ya reflejados en el programa de festejos. Os comentaré después algunos datos referentes a nuestro pueblo y por último intentaré hacer una alabanza de nuestras Fiestas.
Nací el 7 de Octubre de 1948 en la finca de Santidad. En la parte de Don José María Hernández. Lo hice en esa casa que está situada a unos ciento cincuenta metros a la izquierda de la carretera que nos lleva a los “Puentes de Castillejo” o “del Collado”, que así es como vulgarmente la solíamos llamar. Hoy día se denomina SA-322, pero se identifique como se identifique, de una cosa si estamos seguros. Se trata de esa carretera que nuestros políticos no nos quieren arreglar.
Os decía que nací en Santidad y en esa finca crecí –poco, pero crecí-. Lo hice junto a mis padres Ramón y Pepa, que en paz estén. Mi padre fue, para mí, una persona de gran bondad y humildad y mi madre, … pues eso, ha sido mi madre y como dice el proverbio “madres no hay mas que una”. Decía que crecí junto a mis padres y como no, junto a mis hermanas, Nati, Isabel y Mari Jose.
Mi infancia transcurrió, por tanto, entre Santidad, Valdelacalzada (finca situada en la otra orilla del río Yeltes, donde vivían mis abuelos maternos y mis tíos) y Pozos de Hinojo. En esta localidad fui a la escuela con Don Juan, una fenomenal persona y un magnifico maestro.
Allí donde viví y crecí, fui dejando mi huella y un “rosario de picardías y trastadas”. Supongo que como todos los niños. Os voy a relatar una de ellas, porque si os contara todas se nos pasaría la noche.
En Santidad solíamos tener pavos. Todos los años criábamos unos cincuenta o sesenta y cuando llegaba el mes de Junio había que salir de “pastoreo” con ellos. Justamente, por esas fechas nos daban las vacaciones escolares. Así que, os podéis imaginar quien era el encargado de salir con ellos. En cuanto llegaba a casa, el consabido estribillo: “Venga, Paco, a cuidar los pavos”.
La verdad es que era dificilísimo controlarlos ya que corrían a gran velocidad detrás de los “salticones”. Además, se separaban los pavos de las pavas. Mientras ellos corrían en una dirección, ellas lo hacían en otra. La consecuencia era que al “pastor” le podía dar, y frecuentemente le daba, un ataque de nervios. Cuando esto ocurría, le atizabas al primero que pillabas y con lo primero que tenías a mano. Resultado: alguno ya no volvía a correr. ¿Y que hacía yo entonces con el pavo muerto? Para que no se enteraran en casa, lo enterraba en una pedrera. Mi padre, el hombre, de vez en cuando los solía contar. Y como casi siempre faltaba alguno, lo único que se le ocurría decir era: “¡Hay que ver! Ya nos ha comido la zorra otro pavo”. Así continuó la cosa, hasta que un buen día, en lugar de enterrarlo en una pedrera, lo tiré medio vivo, medio muerto, entre dos peñas. La mala suerte para mi y buena para el resto de los pavos, hizo que mi padre se diese al día siguiente una vuelta por el vaqueril. El pavo no había muerto y lo sintió piar. Así descubrió realmente quien era el “zorro”. Y no sigo, porque el resto os lo podéis imaginar. Hubo leña.
Fui a la Escuela de Pozos. La verdad es que ignoro las circunstancias que se dieron para ir allí, porque mis hermanas vinieron a las de Villavieja viviendo en casa de mi abuela Josefa. Intuyo que dada mi forma de ser, no era muy de fiar y decidieron evitarle “esa carga” a mi abuela. En consecuencia me mandaron a Pozos. Lo que si tengo claro es que una vez allí, entre D. Bernardo, que era el párroco y D. Juan, el maestro consiguieron convencerme para que fuese a estudiar al Seminario de Ciudad Rodrigo. Después de tres años en ese Centro, llegué al convencimiento de que aquel no era mi camino.
A los dieciséis años me fui a trabajar a los astilleros de Murueta, en las cercanías de Guernica (Vizcaya). Comencé como Ayudante de construcción de buques y terminé como soldador. En diciembre de 1966 abandoné los astilleros y me vine al Salto de Villarino. En principio, mi puesto de trabajo iba a ser soldador, pero Santos Mateos hace una serie de gestiones y al final termino trabajando como Ayudante de Topógrafo con técnicos de Iberdrola.
A comienzos de 1970, y como consecuencia del Servicio Militar, -aunque luego no me incorporaría al mismo hasta el mes de Septiembre- me vengo a Villavieja. Desde Marzo a Septiembre trabajo en el tejar con el Sr. Primi y sus hijos Paco, Miguel y Maxi. Hubo que trabajar duro. Os aseguro que fui en buena forma física a la “mili”, que cumplí primero en el CIR nº 3 de Cáceres y luego en el cuartel de Artillería Antiaérea de Campamento, en Madrid. Como anécdota os diré que el entonces coronel al mando del Cuartel era Alfonso Armada Comín (uno de los golpistas más significativos del 23F) y que por aquellas fechas era además el secretario del Rey. Tuve bastante contacto con dicho coronel, pues yo era uno de los telefonistas del Cuartel y varias veces al día tuve que establecer las conversaciones entre el entonces príncipe Juan Carlos y él.
En febrero de 1972 comienzo a trabajar de Auxiliar Administrativo con Paco Mateos, pasando luego -marzo de 1976- a realizar el mismo trabajo con Santos Mateos. Finalicé esta etapa de mi vida laboral en Febrero de 1997. Fueron en total veinticinco años en los que tuve la oportunidad de conocer y trabajar con mucha gente de la que guardo estupendos recuerdos y de la que aprendí muchas cosas buenas.
En marzo de 1997 comienzo a trabajar por mi cuenta en el ramo de Administración de Empresas y desde 1982 alterno todos estos trabajos con el de Agente de Seguros de la Compañía Mapfre y la Mutua Fremap.
Además de mi trabajo como Administrador de Empresas y Agente de Seguros, también dedico parte de mi tiempo al Patronato de la Residencia de Ancianos, del cual formo parte. Desde que se inició su construcción, allá por el año 1988, hasta la actualidad, llevo la contabilidad de esa institución benéfica, haciéndolo de manera totalmente gratuita.
Me casé con Desi en Agosto de 1975 y por ello entré a formar parte de la familia de los “alguaciles”, un grupo familiar muy unido y en el que he encajado bien. No hemos tenido hijos, pero si una buena tropa de sobrinos por ambas partes y que hoy observo nos acompañan (casi) todos, grandes y pequeños. Desafortunadamente, tampoco están ya entre nosotros mis suegros, José Manuel, una persona de gran humanidad y muy querida y apreciada en nuestro pueblo porque siempre estuvo al servicio de todo el que lo necesitaba, y mi suegra Agustina, una gran ama de casa pendiente de los suyos. No quiero dejar pasar esta ocasión para mencionar también a una familia, con la que hemos tenido y tenemos una gran amistad. Se trata de Carmen y Cesáreo, que desgraciadamente nos dejó ya también, de sus hijos y sus nietos, a los que suelo denominar como “los otros sobrinos”, ¿verdad que si,. Paula, Andrea…
Además de los aspectos laboral y personal de mi vida, también dediqué buena parte de mi tiempo a la vida pública, interviniendo activamente en la política local. Formé parte de la lista que la denominada Coalición Democrática Independiente presentó en las primeras elecciones municipales, celebradas allá por el año 1979, siendo elegido concejal. Con posterioridad y a través de las candidaturas del Partido Socialista, volví a formar parte de la Corporación Municipal, permaneciendo en esa tarea ocho años, de 1995 a 2003.
Pero dejemos ya esta tema y pasemos a la segunda parte de esta disertación. En ella os voy a recordar algunos datos que considero especialmente importantes en el devenir de la historia de Villavieja en los últimos años.
Tiene nuestro municipio una extensión de poco mas de 51 km2, o sea 5.100 Ha, encontrándose el pueblo a 740 m de altitud sobre el nivel del mar. A lo largo de los últimos cien años su población ha ido variando de forma que podríamos dividir dicho periodo de tiempo en dos partes, tal y como podremos ver con los siguientes datos. En 1900 había en Villavieja 1850 habitantes de hecho (entendiendo con este término a todas aquellas personas que viven en un lugar, aunque no estén empadronados en el mismo). Decíamos pues, que en 1900 , había 1850 habitantes.
En 1920 2.400
En 1940 2.378
En 1960 2.792
Como se puede ver por las cifras anteriores, la población fue en constante aumento en esa primera mitad del siglo, alcanzándose el máximo, a finales de la década de los cincuenta. Según un periódico provincial, Villavieja tenía en el año 1959 nada más y nada menos, que 3.018 habitantes de hecho. Me parece una cifra algo exagerada, porque según el Instituto Nacional de estadística (INE) Villavieja alcanzó en 1960, los 2792 habitantes de derecho (es decir, empadronados). A partir de ese año, comienza el declive poblacional, que desgraciadamente aún continúa.
Veamos los datos:
En 1970 2.149
En 1991 1.211
En 2006 989
A finales de los cincuenta, cuando se alcanzó el máximo de la población villaviejense, había en nuestro pueblo:
• 180 agricultores y ganaderos
• 251 personas entre obreros agrícolas, jornaleros, pastores, vaqueros, etc.
• 70 curtidores
• 48 zapateros
• 63 canteros
• 56 albañiles
• 19 carpinteros
• 16 ferroviarios
Como se deduce de los datos anteriores, Villavieja era ya en aquella época un pueblo diferente, sobre todo por las especialidades de sus industrias: curtidores, zapateros, canteros, ….
Desde el advenimiento de la democracia, Villavieja ha logrado dotarse de algunos servicios básicos con gran antelación con respecto a los municipios de nuestra comarca. Y todo ello, gracias a la colaboración y generosidad de sus habitantes, que han sabido arrimar el hombro cuando se ha necesitado. ¿Ejemplos?
- PISCINA: Se inauguró en el verano de 1982, lo que significa que llevamos disfrutando de ella mas de veinticinco años. Seguramente todos recordáis la gran cantidad de horas trabajadas gratuitamente por hombres y mujeres de este pueblo. ¿Cuántos pueblos tenían piscina hace 25 años?
- MULTIFUNCIONAL: un hermoso edificio que se terminó de construir hace ya más de 22 años y que como su nombre indica sirve para acoger diversos servicios básicos: Consultorio Médico, Biblioteca, Salón de actividades culturales, … Estamos seguros que por aquellos años, pocos municipios podían disfrutar de instalaciones como éstas.
- HOGAR DE LOS JUBILADOS: Lleva funcionando ya más de 17 años, desde Agosto de 1990. ¿Cuántos pueblos pueden presumir, hoy día, de contar con unas instalaciones de esta naturaleza?
- RESIDENCIA. Otro servicio básico en nuestra comunidad y en el que Villavieja fue también pionera. Su construcción fue un hermoso ejemplo de solidaridad y colaboración de todo el pueblo. Sin esa ayuda es mas que probable que su entrada en funcionamiento se hubiese retrasado considerablemente. Lo hizo en 1993, es decir, hace 14 años. Esperamos que en la posible ampliación de este edificio, los vecinos vuelvan a comportarse de manera similar.
- POTABILIZADORA. Una gran obra también, imprescindible para garantizar una buena calidad en el suministro de agua. Lleva ya funcionando desde el año 1995, es decir, doce años.
- PRESAS EN EL RIO YELTES. Evidentemente fundamentales y necesarias para el suministro de agua al pueblo
- PABELLÓN DE DEPORTES. Hace ya diez años que se inauguró, y, podemos asegurar que es, sin lugar a dudas, el mejor de la comarca. Se hizo también, con las aportaciones y las ayudas de muchos vecinos, sobre todo jóvenes. Acoge, no solamente, actividades deportivas, sino también de otra naturaleza. Como recordareis en el se celebró la primera final del Torneo de pelota a mano organizado por la Junta de Castilla y León y transmitido por TVE. Ahora sería imposible realizar algo similar, porque se la disputan los grandes municipios de nuestra Comunidad. Hace unas semanas, se celebró en el una jornada de convivencia entre los clubes de jubilados de la comarca de Vitigudino. No era la primera y no será la última. En toda nuestra comarca no hay ningún edificio que reúna las condiciones para albergar acontecimientos de este tipo.
- VELATORIO. Ha sido el último de los servicios en ser inaugurado. Hace unos meses. Es indudablemente un servicio básico hoy día, que le permite a las familias permanecer en el pueblo, sin necesidad de efectuar desplazamientos en momentos tan angustiosos y difíciles.
Como veis, en 25 años Villavieja se ha dotado de los mejores servicios e instalaciones y todo ello gracias a que sus vecinos han sabido captar perfectamente las necesidades de esta villa, prestando en la mayor parte de los casos su colaboración y ayuda. Por eso, repito, ¡somos diferentes! porque con hechos hemos demostrado el afecto que todos sentimos por nuestro pueblo y así lo decimos cuando cantamos el “himno”
Villavieja de mi amor
villa charra sin igual
lo digo de corazón
que no te puedo olvidar
Vamos a ir repasando ahora algunos de los aspectos más interesantes de todas nuestras fiestas. Comienzo con la de los quintos, por Nochevieja. El 8 de Diciembre, festividad de la Inmaculada, era el primer día de reunión. Nos acompañaba el siempre añorado y recordado Juan Ignacio. Se trataba de:
aprender bien el cantar,
“pa” que la noche del baile lo podamos “corear”
Eso es precisamente lo que decía parte de la letra de la canción de nuestra quinta, la del 69. El aprendizaje de la melodía estaba acompañado, ¡claro está!, con buenos tragos de “champán”…, del “champán de pobres” que es como denominábamos en aquellos tiempos a la mezcla de vino blanco con gaseosa.
También en esa fiesta éramos la referencia en la comarca. Ya lo decía la canción de los quintos del 66:
“Nochevieja en Villavieja,
tiene fama en la región,
donde todos los quintos dejan
bien grabada su canción,
que se la llevará el viento
hasta lejana la nación
de donde vienen contentos
a celebrar la función”
La letra hace también referencia a la brutal emigración que había comenzado en aquellos años sesenta.
La Pascua. Otra de nuestras fiestas más tradicionales. La mayor parte de nosotros recordamos con nostalgia esos días. La Dehesa llena de familias para comer nuestro tradicional hornazo, la diversión, las partidas de calva, … la Señora Elena y su hija Mari con los cartones, los caramelos de Bernardo Corral, los de Agustín “Pulisia”, los del tío “Suly Buly” con su recordado sonsonete de “unos los pagan y otros los rechupetean” …
Y en este repaso rápido que estamos haciendo, nos acercamos ya a nuestras Ferias y Fiestas de Agosto. Desde hace ya bastantes años, el pistoletazo de salida es la Romería a Santidad. Se empiezan a colocar las vallas. Se cierra la Plaza. Las calles de la villa se van llenando de coches. Comercios, panaderías y bares atestados de gente, nos indican bien a las claras que las fiestas están ya muy cerca y que los “villaviejenses” no se las quieren perder,…
Sin darnos cuenta apenas, estamos ya disfrutando de los grupos folklóricos, de los juegos de calva, rana y petanca y de otras actividades culturales.
Y llega la “nocturna”. El alcalde, desde el balcón de la Justicia, nos aconseja prudencia y cuidado con los “josetos”.
Día veintisiete. Vísperas de la Fiesta grande. Charras y charros ataviados ya con sus mejores trajes realizan los últimos ensayos de la Jota y el Cordón junto al Ayuntamiento.
Está anocheciendo.
Las campanas repican con alegría
para anunciarle a la gente
que hoy es EL DÍA.
Ya sale de la ermita la Virgen.
Ya empieza la procesión.
Cofrades y mayordomos la escoltan con velas
mientras la imagen
con devoción en andas llevan.
Cánticos, letanías
Calle Caballeros, Plaza Mayor.
¡Aplausos!, ¡vivas!
¡Que gran emoción!
Ya está en la Plaza,
mirándonos a todos.
Tras el saludo de rigor,
espera una vez más
que se cumpla la tradición,
que charras y charros
hagan la reverencia
y bailen el cordón.
Con devoción
le cantamos la Salve.
Con emoción
el “Villavieja de mi amor”.
Y mientras la imagen se traslada hacia la Iglesia, Fita lanza el tradicional “¡Viva la Virgen de Caballeros! y todos la aclamamos “Madre y Patrona de nuestro pueblo”.
Estamos ya a 28. El día grande de las fiestas. A primeras horas de la mañana, cabezudos, charanga y acompañantes recorren las calles de la villa. Nuestras mejores galas nos ponemos para ir a Misa, ofrecer a la Virgen y llevarla a la Ermita de los Caballeros.
“Tan, tan,”, suena ya la campana
“Tan, tan”, al encierro nos llama.
Y como no queremos perdernos nada, nos apresuramos para coger un buen sitio. En el recorrido, vallas, aceras y balcones se van poblando de gente. De repente, ¡más emoción!. ¡Más nervios! ¡Ha sonado el bombazo! Las puertas de los corrales del Valle de los Prados se abren de par en par. ¡Ya salen los “galaches”! Se dirigen como balas hacia la Ermita, donde Mateo con su carrera los encamina calle abajo.
En un momento
están en la plaza del Ayuntamiento.
¡Recortes, desconcierto!
Nano, Juanan y los “mellizos”
enfilan la manada hacia el grifo.
Traspiés, codazos, empujones
y a veces algunos revolcones
Jose y Jazmín arriesgan en este último tramo y dan el tirón decisivo. ¡Ya están en las barreras! ¡Ya entran en la Plaza!.
Los corredores se felicitan
y están contentos
porque en el encierro
ha habido lucimiento
Por la tarde, novillada. Luego, desencierro. Al día siguiente, descanso en lo que a toros se refiere. Muy de pasada recordaremos aquí, aquellos mercados de Ganado que se formaban a la entrada de la Dehesa. los días 29 y 30. ¡Eran las Ferias que tanto renombre tenían en toda la comarca! En esos días se celebraban también excepcionales Partidos de Pelota a mano, como el que tuvo lugar en el año 56 entre el equipo vasco compuesto por los jugadores "Somorrostro II", "Zurdo de Baracaldo" y "Urrestarazu", y la mejor selección de la provincia formada por los jugadores de La Fuente de San Esteban, Valdecarros y Alba de Tormes.
Ya estamos a 30. ¡Ultimo día de las fiestas! Y con él, nuestro tradicional y admirado “Encierro a caballo”. La manada bien controlada por los jinetes, aguarda pacientemente la orden en la Antanilla.
Desde la villa
y con puntualidad
así lo dispone la autoridad.
¡Que comience el encierro!
¡Que bajen ya!
La campana con su insistente y cada vez más apresurado “tan, tan” avisa a la gente. ¡Ya vienen!
Por el camino de la Antanilla
despacio bajan andando.
Novillos y cabestros,
para los lados van mirando
con intención de salir escapando,
pero los caballistas bien colocados
se lo impiden,
porque los traen bien arropados
¡Hay que evitar la estampida! ¡Hay que evitar que escapen!.
Cuando llegan al Valles de los Prados, los jinetes pican fuerte. La manada acelera y a gran velocidad pasa por la Ermita. ¡Van bien enfilados!
Un experto jinete con maestría
por delante va guiándolos.
Mozos y mozas en apretadas carreras,
Caballeros abajo, los van controlando,
porque los “josetos”,
con mucho peligro se van arrancando.
De repente, el “tan, tan”
de la campana ha cesado.
Novillos y cabestros
en la Plaza han entrado.
¡Enhorabuena y ovación
para corredores y jinetes
porque el encierro
ha terminado sin incidentes!
Familiares, amigas, amigos, villaviejenses todos, voy a ir terminando. Quiero reiteraros una vez más mi agradecimiento por haberme acompañado en este acto, tan importante para mi. Quiero también pediros disculpas por si las palabras que acabáis de escuchar no han tenido la brillantez que esperabais, pero os aseguro, que han sido pronunciadas con el cariño y la confianza del que le habla a los suyos.
Sr Alcalde, Sras. concejalas, Sres. concejales, ustedes, como representantes del pueblo me encomendaron la tarea de ser el Pregonero de este año y es por ello, por lo que me tomo la libertad de anunciaros que ¡la fiesta ha comenzado!
Termino ya.
Mi mas ferviente deseo de que todos, villaviejenses y forasteros, paséis unas felices fiestas. ¡Que las sintáis, las viváis y las disfrutéis! ¡Que reine la armonía, la cordialidad, el respeto y la diversión!.
¡VIVAN LAS FIESTAS!
¡VIVA VILLAVIEJA!
25 de noviembre de 2006
7 de septiembre de 2006
Pregón de Fiestas 2006
SALVADOR RODRÍGUEZ SANTANA
19 de Agosto de 2006
Buenas noches.
Señor alcalde, señoras y señores de la Corporación Municipal; vecinos y vecinas de Villavieja y amigos visitantes.
Cuando el señor Alcalde nos invitó a pregonar las fiestas en honor a la Virgen de Caballeros, aceptamos por colaborar con el Ayuntamiento, y sobre todo, por estar con vosotros una vez más en este salón donde en tantas ocasiones y por diversos motivos hemos compartido alegrías.
Nuestro deseo es que también esta noche, al recordar momentos compartidos, seamos capaces de hacer aflorar en vuestra alma sentimientos de apacibilidad y alegría que os predispongan a vivir con armonía las fiestas que llegan.
Nos preguntamos, ¿y qué decimos en el pregón? Porque hacer una actividad formal y casi literaria dentro de un ambiente festivo, no es fácil.
Y más aún habiendo escuchado a algunos de los pregoneros de años anteriores que, como hijos del pueblo que eran, lo hicieron desde sus más gratos recuerdos de la infancia. Cosa que nosotros no podíamos hacer, pues, como bien sabéis, no hemos pasado aquí, ni nuestra infancia ni nuestra juventud.
Sin embargo, sabiendo que pregonar significa “vocear en público las alabanzas de algo”, nos dimos cuenta que podíamos ser pregoneros, pues a pesar de estar jubilados nos sobra fuerza para vocear todo lo que sentimos o lo que amamos.
Elegimos libremente venir a vivir aquí. Nunca recibimos un desaire; desde el primer día nos acogisteis con agrado, nos admitisteis entre vuestros amigos y nos tratasteis como tales en cada momento.
Nos hicisteis partícipes de vuestros desvelos e inquietudes, de vuestros afanes e intereses, de vuestros pesares e ilusiones. Nos enseñasteis tradiciones y folclore; aprendimos con vosotros el himno a Villavieja, bailamos la Clara y entonamos juntos coplas y cantares tradicionales.
Nunca estuvimos de paso. Desde el primer momento quisimos formar pueblo con vosotros y así lo hicimos. Colaboramos, participamos y hemos contribuido a hacer un poquito más grande culturalmente a este vuestro pueblo que ha pasado a ser el nuestro.
Villavieja es nuestro pueblo y para nuestros nietos, es el pueblo de sus padres y de sus abuelos.
Algunos de nuestros familiares descansan ya entre los muros de su cementerio.
Hoy aquí, frente a vosotros, pero entre vosotros, sentimos una inmensa alegría y la emoción de saber que mañana el afecto y la amistad que nos una será aún mayor.
Durante los veintiséis años de convivencia hemos tenido desencuentros de pensamiento y de acción con algunos de vosotros; sin embargo, no es hoy el momento de recordarlos, sí es hoy el mejor momento para recordar y hablar de todo lo bueno que hemos encontrado en este lugar y de aquello que junto con vosotros hemos vivido.
Aprendimos a querer a Castilla desde la ausencia y la lejanía, cuando a los veintitrés años tuvimos que emigrar como muchos otros buscando el trabajo que nuestra tierra nos negaba.
Vivimos muy a gusto durante trece años en el País Vasco; por fecunda, nunca olvidaremos aquella etapa de nuestra vida allí; allí maduramos, asumimos una postura ante la vida a la que hemos permanecido fieles y sin embargo, en nuestro corazón siempre permaneció encendida la llama que alimentaba la esperanza del regreso.
Quien como nosotros estuvo lejos de ella, sabe que la tierra, que es decir las gentes, el paisaje, su frío y su calor, las escasas lluvias y las noches estrelladas, sus árboles y sus ríos, determinan porque mientras crecemos va modelando nuestro espíritu.
En el País Vasco tuvimos una compañera gallega, excelente maestra y fumadora de farias que comentaba frecuentemente que en cuanto pudiese volvería a Galicia desde donde la administración educativa la había mandado.
Con mi trabajo –añadía- estoy contribuyendo al enriquecimiento socioeconómico y cultural de una región mucho más desarrollada que la mía. Los niños de nuestros pueblos gallegos, empobrecidos y despoblados por la emigración, nos necesitan más que nunca tanto a mí como a otros muchos maestros gallegos que están fuera de Galicia.
Y esta reflexión de la compañera gallega la hicimos nuestra.
Al mismo tiempo, ya con cuatro hijos, los recuerdos nítidos de una infancia y adolescencia felices vividas en Lumbrales y Arcediano, nos empujaban a regresar a un pueblo castellano donde nuestros hijos tuviesen la oportunidad de vivir una infancia y juventud tan felices como la de sus padres.
Pretendíamos que fuese el juego en cada uno de los rincones del pueblo, el motor que dinamizase el proceso de su desarrollo educativo y social, es decir, queríamos que nuestros hijos se educasen con y entre las gentes de un pueblo castellano.
Durante algunos años la idea del regreso inmediato no estaba en nuestros planes pero tampoco surgió espontáneamente, fue el resultado de un lento proceso iniciado por las causas anteriores y acelerado por la situación sociopolítica y educativa surgida en el País Vasco con la instauración de la democracia en España.
Hasta entonces habíamos desarrollado nuestra labor educativa en un ambiente de concordia, pero a partir del momento en el que se prioriza la normalización de la lengua vasca, es decir, aprender el euskera y enseñar en euskera, los claustros se politizaron y nosotros que siempre hemos defendido la más absoluta independencia entre escuela y política decidimos no seguir allí.
Y fue en el año 1979 el año en el que dimos el paso y solicitamos el traslado.
Cuando supimos que había sido Villavieja de Yeltes el destino concedido entre los varios solicitados, vinimos ilusionados a conocer el pueblo un día primaveral, radiante y sereno de la Semana Santa de 1980.
Nos extraviamos; desde Vitigudino fuimos al Cubo y desde allí a La Fuente de San Esteban. A la salida de Boada, preguntamos a varios jubilados qué carretera debíamos coger. Uno de ellos, con cierto aire socarrón, nos dijo: “Para ir a Villavieja lo mismo da por una carretera que por la otra; unos van por esta y otros por aquella.”
A nosotros, entre las dos opciones, nos gusto la de la izquierda, la carretera de Retortillo. Posteriormente, hemos recordado el hecho con frecuencia.
Los últimos kilómetros del largo recorrido entre Bilbao y Villavieja nos sirvieron para contrastar con agrado la quietud y el silencio de un campo casi bucólico con el ruido y la velocidad del lugar de donde veníamos.
El campo estaba encendido por el amarillo ardiente de mil flores y blanco, como nevado, por las escobas.
Desde “El Sierro” avistamos por primera vez el pueblo. Fue emocionante, fue como entrever el futuro; allí íbamos a vivir el resto de nuestros días.
Al llegar al pueblo preguntamos y nos dirigimos directamente al colegio, para nosotros el lugar más importante, pues sería el lugar de nuestro trabajo.
Acababa el recreo y mientras nosotros saludábamos a los futuros compañeros, nuestros hijos –de nueve, diez y once años- corrían tras las lagartijas que había en la valla de la escuela y saltaban de peña en peña en el lugar donde hoy tenemos nuestra casa.
Y fueron ellos quienes nos dijeron: “Si cuando nos vengamos vamos a hacernos una casa, nos gustaría que fuese aquí”.
Y así fue, pues todos quedamos encantados del colegio, de sus patios y de los alrededores.
Comimos en la Fonda unos deliciosos fréjoles verdes y unos filetes de ternera que Mari nos preparó.
Bajamos al río y paseamos por la dehesa. Y aunque nunca lo habíamos dejado de ser, la luz, el aroma del campo y el saber de su goce continuado nos hicieron sentir otra vez hijos de esta tierra bellísima aunque poco pródiga.
Y en aquel momento recordamos los versos que el poeta sevillano Antonio Machado dedicó a los encinares castellanos:
¡Encinares castellanos
en laderas y altozanos,
serrijones y colinas
llenos de oscura maleza,
encinas, pardas encinas;
humildad y fortaleza!
¿Qué tienes tú, negra encina
campesina,
con tus ramas sin color
en el campo sin verdor;
con tu tronco ceniciento
sin esbeltez ni altiveza,
con tu vigor sin tormento,
y tu humildad que es firmeza?
En tu copa ancha y redonda
nada brilla,
ni tu verdioscura fronda
ni tu flor verdiamarilla.
Nada es lindo ni arrogante
en tu porte, ni guerrero,
nada fiero
que aderece su talante.
Brotas derecha o torcida
con esa humildad que cede
sólo a la ley de la vida,
que es vivir como se puede.
El campo mismo se hizo
árbol en ti, parda encina.
Ya bajo el sol que calcina,
ya contra el hielo invernizo,
el bochorno y la borrasca,
el agosto y el enero,
los copos de la nevasca,
los hilos del aguacero,
siempre firme, siempre igual,
impasible, casta y buena
¡oh tú, robusta y serena,
eterna encina rural!
Regresamos felices a Munguía, pueblo vasco en el que vivíamos. Elegimos bien y habíamos tenido suerte en la adjudicación. Villavieja era el pueblo de nuestros sueños.
Sus gentes, entonces no os conocíamos, resultaron ser lo que suponíamos, castellanos serios, apegados a su tierra y a sus costumbres.
Tardamos un tiempo en descubrir que Villavieja era un pueblo singular debido a una realidad histórica diferente. Según los expertos parece ser que mientras que Bogajo fue un pueblo que perteneció a la Orden de los Templarios y Villares fue dominio de un señor feudal, Villavieja fue un pueblo de artesanos libres, curtidores y canteros, y campesinos. Quizás de esta peculiaridad historico-social provenga su progresismo.
Y si a don Quijote el goce de verse armado caballero le reventaba por las cinchas del caballo, nuestro entusiasmo rezumaba por todos los poros de nuestros cuerpos, tanto fue así que contagiamos a una pareja amiga, Justo y Maite, a quienes muchos recordaréis, y decidieron venirse en cuanto hubiese una plaza vacante como así ocurrió al año siguiente.
Llegamos con la Democracia recién estrenada. En aquel momentos, todos los españoles, de manera más o menos activa, voluntariamente o a remolque, estábamos asumiendo el cambio de tono que ejemplarmente nuestros políticos fueron capaces de conseguir y hacer cristalizar en forma de constitución. Nos referimos a aquel periodo de tiempo comprendido entre 1975 y 1978, conocido posteriormente con el apelativo de la “transición democrática”.
Nosotros entendemos que la transición, en cuanto acción y resultado de pasar de un estado o modo de ser a otro distinto, siguió en la década de los ochenta y aún en nuestros días.
En ese momento histórico llegamos a la escuela de Villavieja. Nuestra concepción de la educación chocó con la postura conservadora de algunos padres y profesores y se originaron conflictos que, unos y otros, supimos superar.
Hoy, recordando con la serenidad que produce el paso del tiempo, ninguno de aquellos encuentros dialécticos nos parecen triviales, sin importancia. Sin duda fue un periodo enriquecedor y edificante, empezamos a dialogar y por ello a escuchar otras ideas y a acercar posturas. Lo mínimo que se le puede pedir a un educador.
Desde aquí un afectuoso recuerdo para tres de nuestros compañeros que desgraciadamente no pudieron disfrutar de su jubilación. Gabriel Moro hijo del pueblo, con el que compartimos sólo un curso en la escuela; Guillermo Montero Santos, director del centro cuando llegamos y Pilar Prieto Cambón, ambos buenos compañeros con quienes trabajamos varios años.
Y, cómo no, un cariñosísimo saludo para Mª Francisca, la entonces abuela del claustro, con la que mantuvimos fuertes discusiones pedagógicas, pero a la que valoramos y apreciamos de corazón.
Ahora no vamos a recordar con nostalgia los que hicimos o vivimos junto a vosotros tiempo atrás. Eso sería tanto como decir que estamos tristes por aquello que hicimos hace veinte años. Pero tampoco vamos a evocarlos como hechos singulares e irrepetibles. Esto sería petulancia o altivez.
Lo que unos y otros hicimos en aquel momento fue lo que nos pareció más adecuado; es posible que hoy, aquello, no fuese conveniente; cada momento histórico tiene unos intereses que nos conducen a realizar hechos distintos, ni peores ni mejores, diferentes y acordes con la realidad sociopolítica y económica del momento. Rememoramos algunos hechos que aunque lejanos siguen siéndonos gratos.
Recordad aquellas semanas culturales organizadas por el Ayuntamiento. Semanas en las que las charlas, las conferencias y otras actividades culturales, nos sacaban del letargo invernal y nos daban motivo para poder reunirnos, y posteriormente acercarnos a los bares y dialogar y discutir sobre el contenido de ellas, los sucesos del pueblo y los acontecimientos del momento.
¿Y cómo olvidar las magníficas fiestas de fin de curso, organizadas por el colegio y el grupo de padres correspondientes, cada año? Se perdieron pero afortunadamente se va recuperando aquella costumbre.
O las excursiones que desde el colegio organizábamos y a las que se podían sumar cualquier persona aunque no tuviese hijos en él, pues siempre hemos tenido presente que la escuela forma parte del pueblo y que el pueblo forma parte de la escuela. En el primer viaje visitamos nuestra Comunidad. Solo nos acompañaron tres padres. Sin embargo al curso siguiente fuimos al Coto de Doñana, Sevilla y Cádiz, ya nos acompañaron la totalidad de los padres. Este viaje lo recordarán especialmente Amalia y Beli. Posteriormente viajamos por toda la geógrafía española, Galicia, Cataluña, Valencia, las Islas Baleares y las Canarias, Ceuta, Tánger...
Una de las celebraciones que acogíamos con entusiasmo era la fiesta del uno de mayo, el día del trabajo. La festejábamos con júbilo.
Bajábamos en manifestación hasta el monolito de la entrada de la dehesa. Familias, grupos de amigos, jóvenes y niños escuchábamos con atención los mítines que daban los representantes de los distintos sindicatos y expresábamos la alegría de trabajar en un país, por fin democrático. Al finalizar dábamos buena cuenta de hornazos, tortillas, chochos y sangría.
Pero, poco a poco fuimos dejando morir esta fiesta, y hoy ya no se conmemora a nivel de pueblo.
Gracias al espíritu de solidaridad y de colaboración, que reinaba en el pueblo de Villavieja se realizaron obras que lo modernizaron y aumentaron nuestra calidad de vida.
Un claro ejemplo es la piscina, en cuya construcción participaron no solo varones, lo hicieron también adolescentes de ambos sexos y algunas mujeres, algo insólito en aquel tiempo.
¿Y cómo no hablar del Club Cultural ”El Encinar”?
Un club que creamos con Manolo Castro y Pepita, Santos y Conso, Desi y Paco, Juan y Mari, José y Paqui, Santiago y Mere, Justo. Desinteresadamente entregábamos nuestro tiempo libre a la formación y entretenimiento de niños y adolescentes. Posteriormente fueron uniéndose, como colaboradores otras personas. Una de ellas fue el apreciado Carlos Barahona que desgraciadamente nos dejo en plena juventud.
Ubicado en el viejo edificio que había , aquí, en este mismo lugar,
acogía a todos los que quisieran participar en las actividades programadas. Entre otras muchas, recordamos que se enseñaba a jugar al ajedrez y a las damas; se trabajaba la mimbre, el barro y la madera; pintura y decoración de escayola, elaboración de marionetas con las que posteriormente se hico teatro de marionetas;
Hubo un taller de iniciación en el oficio de la cantería y los niños que se apuntaron a esta disciplina, elaboraron, bajo la tutela de los canteros Juan Agustín y su difunto hermano Fernando Mateos, Santos Mateos y Martín Carballares , el mural del nadador que adorna la piscina.
Se dieron cursos de delineación y de apicultura y algunos fines de semana poníamos una película para los niños con una máquina de Super-8 que nos concedió el ministerio de Cultura.
Recordamos con especial cariño el periódico que estuvimos editando durante un tiempo “El Encinar de Nampalancar”. Abierto a todo el mundo, hubo hijos del pueblo que mandaban puntualmente su artículo para cada número, otros contribuían de vez en cuando y nadie se negó a ser entrevistado o a emitir su opinión cuando se le solicitó. El Periódico fue muy bien aceptado porque era fresco, escrito para la gente de Villavieja por gente de Villavieja.
Hubo numerosas suscripciones de villaviejenses residentes en el extranjero. Sabemos que en muchas casas se conservan todos los números.
En la elaboración del periódico, además de las personas del club responsables de ello, colaboraron Juanfrán, Gero Madruga y José Manuel Merchán.
Aún se ven por las carreteras de nuestra comarca a algunos ciclistas que se iniciaron en este deporte en el club bajo la dirección de Justo.
Una de las actividades que mejor recordaréis, fue la creación del grupo de bailes charros. Jóvenes, adolescentes y niños llevaron nuestros bailes a gran número de lugares de la provincia y fuera de ella.
Las tardes-noches del verano, la cita de los ensayos era el frontón. Allí, con Marí José Calderero y Pepa Mateos como monitoras, Juan Ignacio Sánchez y Mariano Estévez como tamborileros, los bailadores y bailadoras perfeccionaban su estilo y los que no sabían bailar y querían aprender, podían hacerlo.
Estrella Moro, la difunta Angelines Acosta y Amador Sevillano fueron colaboradores asiduos en esta actividad.
Esta actividad, despertó en madres y abuelas, el deseo de hacer para sus respectivos hijos o hijas, nietos o nietas, trajes charros y, ahora, el día de la Virgen, se lucen junto a los más antiguos, y no desmerecen nada.
Con parte del dinero obtenido por el grupo de baile compramos tiendas de campaña y material deportivo y se hizo una acampada en la sierra. Muchos padres os acercasteis a la Alberca a visitar a vuestros hijos. Aquellas tiendas fueron utilizadas posteriormente hasta su deterioro por los jóvenes que las solicitaban.
Y por último, para terminar con algunos de los muchos recuerdos, hablar del entusiasmo que poníamos en la organización de El Día del Niño en las ferias.
Un grupo de personas, la mayor parte jóvenes, nos responsabilizábamos de dicha tarea y era gratificante ver cómo los niños participaban en los concursos de pintura, en las carreras de bicicletas, en las competiciones de natación y en otras actividades.
Los niños sabían que al final de la jornada no sólo tendrían premio los ganadores, lo tendrían todos.
Hemos reservado el mejor rincón de este pregón para los niños y los adolescentes a los que por vocación y profesión hemos dedicado la vida.
Nadie como vosotros, niños y jóvenes, maneja la esperanza.
Nadie como vosotros, fabrica ilusiones
Pero tened siempre presente lo que día tras día os hemos repetido:
“Las esperanzas y las ilusiones sólo se cumplen cuando vuelan en alas del estudio y del trabajo”.
Hoy día tenéis los medios educativos necesarios para garantizaros el acceso a las Universidades o a los Ciclos Formativos. Aprovechadlos porque el futuro es de los más preparados.
Practicad el juego y el deporte, pues educación y juego son ingredientes básicos para el desarrollo infantil; la práctica de un deporte en jóvenes y adolescentes será una salvaguarda contra el alcohol, el tabaco y otras drogas. No os dejéis engatusar por cantos de sirena que os van a privar de vuestra libertad y de la inmensa alegría de ser jóvenes.
¿Y qué deciros, a vosotros los padres, que no os hayamos dicho a lo largo de nuestra vida profesional?
Deciros, no os vamos a decir nada nuevo, sino recordaros que la familia -en cualquiera de sus modalidades- es el primer agente socializador y educativo; ella, la familia, debe crear en los niños hábitos, actitudes y valores que serán los pilares donde se sustente el posterior aprendizaje escolar.
En general, sin la preocupación familiar necesaria el progreso educativo de los niños no será el deseado.
En educación, la forma más bella de autoridad es el ejemplo.
Tampoco debéis olvidar, el derecho constitucional que tienen vuestros hijos a recibir una educación de calidad; y es obligación vuestra, en caso de que así no sea, el exigirla a los organismos competentes.
Tanto a vosotros niños y jóvenes como a vosotros padres daros las gracias porque con vuestra actitud habéis hecho sentirnos profesionalmente muy satisfechos.
Mientras se van apagando nuestras voces y vamos recogiendo nuestros papeles:
Saludamos a todos nuestros vecinos con ellos mantenemos desde nuestra llegada una excelente relación.
Damos las gracias a la Corporación Municipal por habernos brindado la oportunidad de ser los pregoneros de este año.
Os damos las gracias a todos vosotros, por habernos escuchado con la atención que lo habéis hecho.
Así mismo, damos las gracias a todas los que con su trabajo y sacrificio, harán posible que disfrutemos de estas nuestras fiestas, en un ambiente de paz y de tranquilidad.
Sirva este pregón como homenaje a los que ya nos dejaron para siempre.
Y sirva este pregón para lanzar al aire nuestro deseo más profundo de que llegue la paz al País Vasco, tierra que nos acogió entre sus gentes durante 13 años.
Abrid vuestros corazones a la alegría y celebrad y disfrutad con la familia y con los amigos de los actos religiosos, de los encierros, toros , verbenas y demás atracciones de estos días de Ferias y Fiestas.
Buenas noches.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

