7 de octubre de 2010

Un sepelio controvertido

Fotografía: Manuel M. Vicente (Wikimedia Commons)

La Fregeneda. Verano de 1886. Las obras del ferrocarril avanzan a buen ritmo, hasta el punto de que la mayor parte de la infraestructura viaria está en fase de conclusión. Sin embargo, en el tema sanitario, esas obras y las condiciones en las que viven los obreros han convertido al pueblo en una auténtica ratonera. Abundan los muertos debido a los accidentes, pero sobre todo a las denominadas entonces "fiebres intermitentes". Durante el año 1885, año en que comienza el octavo libro de difuntos de la parroquia de San Marcos Evangelista de La Fregeneda, el párroco registra más de doscientos fallecidos -en concreto doscientos quince- de los cuales más de un treinta por ciento ocurrieron en los meses de enero y febrero de dicho año. Se puede uno imaginar, por tanto, como debía estar el cementerio católico, pero también el que entonces se denominaba "cementerio de disidentes" y que más adelante se daría en llamar cementerio civil donde se enterraban suicidas, herejes, ateos, protestantes, .... La gran cantidad de enterramientos en ese año, originaría al año siguiente (1886)  un incidente entre autoridad civil y eclesiástica. Veamos como lo contaba "El Fomento" el martes 17 de agosto de 1886:


La siguiente carta se la debemos á un respetable amigo nuestro, que nos la incluyó en otra particular que ayer tarde recibimos:

Fregeneda, 15 de Agosto de 1886.

A las doce de la noche última, cuando iban transcurridas sesenta horas desde que falleció un trabajador de las obras del ferrocarril S. F. P. se dio al fin sepultura al cadáver en el cementerio católico.

Se oponía la autoridad eclesiástica al sepelio en citado cementerio, por considerar que el sujeto en cuestión no había muerto en el seno de la Religión Católica, toda vez, que á las reiteradas instancias de los señores párroco y coadjutor, para que se confesara, contestó diciendo, que cesaran de molestarle y que fueran á alguna parte donde hicieran más falta.

Por aquí se ha dicho, que el Sr. Obispo de Ciudad Rodrigo, diócesis á que pertenece este pueblo, aprobó la conducta del señor cura párroco, el cual, manifestó á la autoridad local, que no pudiendo admitir tal cadáver en el cementerio católico, dispusiera ella fuera enterrado en el de los disidentes. El Alcalde Constitucional dio cuenta de lo que ocurría al Sr. Gobernador civil de la provincia, y este ordenó, que provisionalmente se diera sepultura al cadáver en el cementerio católico. Dado traslado de esta orden al párroco, replicó que no podía consentir se hiciera tal cosa, hallándose, como se hallaba resuelto el expediente en otro sentido. Se consultó de nuevo á la autoridad civil de la provincia, y su contestación se dice fue tan enérgica, por no haberse ya cumplido lo que había dispuesto, que el Alcalde ordenó inmediatamente, se procediera al enterramiento, acto del cual protestó el señor cura párroco. Se cree que no termine así la cosa, pues ha circulado el rumor de que el Gobernador civil mandaría á esta un delegado: lo cierto es, que el cadáver ha permanecido insepulto sesenta horas, y precisamente en la época en que son más fuertes los calores.

La salud pública no es del todo satisfactoria: aparte de algunos padecimientos que pudieran, en ni juicio, reconocer por causa algunas insolaciones, lo que abundan son las fiebres intermitentes, contribuyendo a producirlas la manera de vivir de los trabajadores, que aun se ocupan en las obras del ferrocarril; los focos de infección que nos rodean; lo poco limpias que son las aguas  que la generalidad de las gentes usan; los fuertes calores que días atrás se han sentido, y que parece vuelven, pues ha subido el termómetro a 32° centígrados dentro de las casas; las frutas poco sazonadas que se han comido, etc., etc.

Desde hace ocho días tenemos un caso de viruelas; pero eso no ha alarmado á la población (que no teme se propague la epidemia) porque ya el verano anterior se presentaron algunos casos aislados, y entonces  como ahora, fueron en individuos forasteros, atribuyéndose el que no haya sido atacado ninguno de los naturales, á que todos se hallan vacunados, gracias al celo constante del médico cirujano D. Julián Carranza, que en los veinticuatro años que nos lleva asistiendo, no ha dejado ni uno solo de practicar inoculaciones.

De las obras del ferrocarril, de contratistas, destajistas y operarios, es tanto lo que puede decirse -salvo honrosas excepciones- que serían necesarios muchos pliegos de papel para siquiera referir un poco: no omitiré sin embargo, que no cesan de oírse lamentos a muchos vecinos, por las "curbas" que como dijo su corresponsal en ésta, les han producido gran número de trabajadores y no pocos que tenían otras ocupaciones, marchándose sin pagarles lo que les debían, bien por alimentación, bien por otros conceptos. Memoria han dejado.

6 de octubre de 2010

Catedral de Ciudad Rodrigo

Aparte de Villavieja, si hay una población que me es especialmente querida esa es Ciudad Rodrigo. Y cuando llevo ya más de 500 entradas en este blog me he dado cuenta de que no he sacado ni imágenes no comentarios acerca de algunos de los monumentos más representativos de dicha ciudad. Así que, vamos a empezar hoy mismo a corregir esa omisión. En sucesivos días, iré alternando noticias u otras cosas similares y fotografías de la "muy noble y muy leal ciudad de Ciudad Rodrigo"
La Catedral Ciudad Rodrigo está dedicada a Santa María bajo el misterio de la Asunción y fue construida entre los siglos XII y XIV.  El primer gran impulsor de esta sede fue el rey Fernando II de León secundado posteriormente por su hijo Alfonso IX. Los entendidos la encuadran en el llamado "grupo de Salamanca", junto con la Catedral vieja de esa ciudad, la Catedral de Zamora y la Colegiata de Toro. En cuanto a su estilo se dice que es "románico de transición", habiendo autores que aseguran que es el primer ejemplo del gótico leonés y castellano. En la derecha de la fotografía podemos apreciar parte del exterior de la Capilla Mayor, obra de Rodrigo Gil de Hontañón, que fue también el arquitecto que diseñó la Capilla de la Iglesia de Villavieja.

Podéis encontrar más información en la siguiente página web: http://www.catedralciudadrodrigo.com

5 de octubre de 2010

D. José Martín de Herrera y de la Iglesia

Fotografía publicada en "La Ilustración Española y Americana", 1897

Nació en Aldeadávila de la Ribera, en la provincia de Salamanca, el 26 de Agosto de 1835. Cursó en su pueblo natal los primeros estudios, continuándolos posteriormente en Salamanca al ingresar a la edad de trece años en el Seminario Conciliar de San Carlos de dicha ciudad y después de los estudios eclesiásticos de Sagrada Teología y Derecho Canónico, realizados con brillantez, cantó su primera misa el primero de Octubre del año 1859. 

Hizo oposiciones a varios cargos (canonjía magistral de Salamanca y Santiago) y fue sucesivamente abad de la colegiata de Logroño (1865), deán de León (1871) y auditor del Tribunal de la Rota (1875). Aún no había tomado posesión de este cargo cuando fue preconizado arzobispo de Santiago de Cuba el 5 de Julio de 1875, siendo consagrado arzobispo el día 3 de Octubre de dicho año en la Iglesia de San Isidro de Madrid, por el cardenal Juan Ignacio Moreno Maisanove, arzobispo de Toledo, auxiliado por Monseñor Francisco de Paula Benavides Navarrete, entonces Patriarca de las Indias Occidentales, y por Monseñor Francisco Crespo Bautista, obispo de la diócesis de Mondoñedo (Lugo).

Marchó a ocupar su sede, donde realizó una labor merecedora de los elogios, que le tributó la prensa cubana contemporánea, especialmente por la reedificación de templos y el establecimiento de comunidades de misioneros. Vino a España como senador en 1878, 1884 y 1889, pronunciando en la Alta Cámara discursos muy celebrados, primero en defensa del poder temporal del Papa y luego haciendo elogio del matrimonio canónico, al discutirse el Código Civil.


Preconizado arzobispo de Santiago de Compostela el 14 de Febrero de 1889, ocupó la silla en Abril del mismo año.  En 19 de Abril de 1897 fué promovido por León XIII al cardenalato con el título de "Santa María in Traspontina". Participó en los cónclaves de 1903 (Pio X) y 1914 (Benedicto XV). No pudo participar en el de 1922 (Pio XI) pues ya entonces su edad y sus achaques le impidieron hacer el viaje.

Murió el 8 de diciembre de 1922 en Santiago de Compostela. Llevaba, pues 33 años y ocho meses al frente de esa diócesis.


Con motivo de su ochenta cumpleaños, la diocesis compostelana le rindió un homenaje popular colocando una placa en la catedral con su busto, obra del escultor Mariano Benlliure.


Fotografías de "La Ilustración artística", 1916
Homenaje de la ciudad de Santiago de Compostela al cardenal arzobispo MARTÍN DE HERRERA organizador celoso e infatigable de las peregrinaciones a esta Santa Apostólica y Metropolitana Basílica.
Diciembre, XXXI de MCMXV

4 de octubre de 2010

Castro de las Merchanas

El siguiente reportaje se publicaba en el portal salamanca24horas.com el pasado domingo 3 de octubre de 2010. Su autor es el periodista Luis Falcón. En la web del mencionado diario digital es posible visualizar también una serie de fotografías del castro de las Merchanas en Lumbrales.

A través de los siguientes enlaces se puede acceder directamente al sitio web salamanca24horas.com y ver la noticia y las imágenes en su contexto original:

Ruta Hispano-Lusa de Castros y Verracos: Caminamos hasta Las Merchanas en Lumbrales
Al igual que Andalucía tiene la ’Ruta de los pueblos blancos’, aquí en los senderos de nuestra provincia la de los castros para deleitarnos en las maravillas culturales, arquitectónicas, históricas y naturales de nuestra tierra. Hoy nos acercamos al Castro de Las Merchanas en Lumbrales

La Ruta de Castros y Verracos en la provincia de Salamanca es una ruta larga para realizarla en un solo día, por ello cada fin de semana viajamos a un castro del oeste salmantino -Las Merchanas, Yecla la Vieja, El Castillo de Saldeana y Bermellar-, porque cada uno es historia y tiene características suficientes propias y a su alrededor un enorme caudal para disfrutar de la naturaleza.

Llegamos a Lumbrales por la CL-517 que parte de Salamanca y finaliza en La Fregeneda, tras recorrer cerca de 96 kilómetros. Llegados al municipio, nos desviamos a la derecha para coger la carretera a Bermellar. A escasos 3,5 kilómetros, un amplio cartel nos indica otro desvio a la derecha para avanzar por una pista de tierra, en buenas condiciones de 2,5 kilómetros, hasta una explanada donde dejaremos el coche y, allí mismo, nos informaremos de la ruta que nos llevará a este castro, situado sobre un promontorio granítico en la confluencia del regato de Vallitorredondo con el río Camaces. Un panel nos sitúa en la Ruta hispano-portuguesa de Castros y Verracos, y la reproducción de una estela romana permite asomarnos a los ejes temáticos del sendero como son la arquitectura tradicional, la geología, el clima, la vegetación, la energía del agua y el mundo de los vetones -habitantes de este lugar-.

El sendero, la inclinada calleja de Malpica, hasta el castro es toda una admiración de naturaleza y construcciones ganaderas como chozos que indican la vida y la historia de los habitantes de este lugar. Además, la naturaleza, según se desciende hasta el Camaces, se hace más exuberante, variada y rica en especies. Llegamos al primer mirador, que sube por un pequeño sendero hasta el denominado Mirador del Castro, una estación interpretativa y multimedia sobre los vetones y sobre la historia geológica de este paisaje. Desde aquí avistamos el castro y sus detalles al telescopio.

El molino del Tío Justo

Volvemos sobre nuestros pasos y, nuevamente, en la calleja de Malpica, avanzamos por esta senda de lanchas hasta el molino del Tío Justo. Una auténtica maravilla a la orilla del Camaces recuperada del abandono por el Ayuntamiento y Adezos.

Si tenemos suerte, porque casi nunca hay nadie para abrirnos, podremos visitarlo íntegramente. Esta construcción tradicional está totalmente restaurada y se trata de un molino movido por el agua desviada del río Camaces. El interior dispone de una única sala donde la acción del agua consigue mover una gran piedra que se dedicaba a moler el poco cereal que se cultivaba en la zona. El tío Justo, a cambio de una comisión que se llamaba maquila, molía día y noche para aprovechar la temporada de crecida del río, porque la utilización del agua era solamente posible durante una pequeña época del año.

Pasamos la presa hasta el otro lado del río y nos situamos en la puerta del castro. Para acceder al mismo lo hacemos a través del Sendero Musealizado del Castro de las Merchanas y entramos por la puerta Sur, donde se puede hacer un recorrido hacia la puerta principal, ver las piedras hincadas y visitar parte de la muralla. Se trata de uno de los castros más importantes y mejor estudiados de la provincia de Salamanca. Posee una gruesa muralla, la cual en algunas zonas llega hasta los 6 metros de anchura, salvo en el cerro del Oeste, donde la topografía del terreno la hace innecesaria ya que hay un acantilado sobre el río Camaces. Enfrente de la entrada principal posee una zona de piedras hincadas, típicas de los castros, que completaban las defensas.

Este castro fue declarado Bien de Interés Cultural en 1931 y se trata de una fortificación defensiva de los antiguos pobladores de la zona, los vetones, que fueron unos grandes luchadores y guerreros, que hermanaban con sus parientes bretones del norte de Francia, corresponde en el tiempo con la Segunda Edad de Hierro.

El poblado está construido en un lugar estratégico y de fácil defensa entre los barrancos que forma el cauce del río Camaces. Históricamente la fortaleza obedece a las necesidades defensivas de la población local ante el avance del nuevo tiempo que ocupaba el empuje del mundo romano, estos poblados no eran muy numerosos, se estima que el pueblo que albergaba el castro no superaba las 150 personas pero su trabajo en pro de la defensa colectiva era muy notable y durante muchos años contuvo la invasión hasta caer en manos de los romanos.

Datos del castro

El castro tiene una superficie de 8,5 hectáreas, dispone de un perímetro de 50 metros en torno a la muralla, la construcción del castro obedece a un buen estudio arquitectónico sobre las necesidades defensivas de la zona, consiste en el apilamiento de grandes lajas de piedras creando unos inmensos muros y murallas de mas de 6 metros de anchura que impiden el acercamiento enemigo por tierra y sobre caballos, una vez vencida esta primera línea disponen otra segunda donde se encuentran las viviendas y la necrópolis, una variante defensiva de este castro es una tercera línea consistente en la creación de un campo de una hectárea de piedras hincadas sobre el terreno creando una especie de campo minado que hace imposible el acercamiento de un ejercito estructurado y menos el transito de caballos.

La muralla, construida directamente sobre la roca superficial sin apenas cimentación, se adapta perfectamente a la morfología del terreno. Mientras la altura es de unos 2 m, en algunos tramos puede llegar a los 3, el ancho varía desde el metro y medio hasta los 6 m. según las necesidades defensivas. Está realizada con mampostería en seco y la técnica constructiva es la de dos paramentos, el externo en talud de 15-20º y el espacio interior relleno de piedras menudas.

El castro tiene dos puertas defendidas por bastiones circulares, formando un embudo, – una al Este, la entrada principal, y la otra al Sur –, las cuales permiten acceder al interior del recinto fortificado. En la puerta principal existe una zona de piedras hincadas que servían para impedir el acercamiento de los enemigos a caballo y así hacer más difícil su ataque.

El origen del castro es prerromano, y se sabe que ya estaba habitado desde el siglo III a. d. C. por los vetones, que ocuparon el suroeste de la Meseta Norte en la II Edad de Hierro (siglos V-II a. d. C), pueblo celta que desarrolló en la Península la Cultura de Cogotas II o Culturas de los Verracos. Los primeros vestigios de romanización que tiene el castro datan de comienzos del siglo I d. d. C, y se sabe que estuvo ocupado hasta la segunda mitad del siglo V que fue cuando se abandonó, quizá durante las contiendas entre suevos y visigodos.

Si continuamos la ruta por estos parajes visitaremos el mirador del Pozito Manzano donde contemplaremos los bellos paisajes tipicamente arribeños. La ruta se complementa al caminar entre robles, quejigos, encinas, chopos y surcando regatos o arroyos con la vigilancia de las rapaces en el cielo, el cántico de los pequeños pájaros y algún que otro mamífero o reptil que huye a nuestro paso.