4 de noviembre de 2011

Sequía

Este otoño se está caracterizando por unas altas temperaturas y una ausencia casi total de precipitaciones. Algunas "gotas" caídas a mediados de septiembre lograron reverdecer ligerísimamente el campo, pero con el paso de los días se fue nuevamente agostando. Solamente resisten ante este envite seco, algunos árboles -especialmente las encinas- y las escobas. Éstas últimas están perfectamente adaptadas a estos climas tan extremos. Y aquí las tenéis, frondosas y verdes. En la primera de las fotos podemos ver a la izquierda a una hermosa escoba rubial, que podemos apreciar con más detalle en la segunda de las imágenes.




3 de noviembre de 2011

Entre encinas...


Traemos hoy a estas páginas otro poema más, original de don Matías García Miguel (1873-1954) y perteneciente a su libro "El País Charro" (1928). La imagen de una aldea charra cualquiera y la vida cotidiana de sus habitantes es retratada en estos versos que transcribimos a continuación. Don Matías era natural de San Felices de los Gallegos y fue conocido con el sobrenombre de "el cura poeta", como se le denominaba en la zona donde desarrolló su ministerio sacerdotal (Navasfrías, Fuenteguinaldo, Ituero de Azaba,...). Firmaba también en ocasiones como "Azabeño".

Desde la Sierra,
cuando en poniente el sol declinaba,
vi las casitas y las encinas
de Aldeacharra...

Sobre una altura
vi el templo en medio de una explanada,
donde celebran las jovencitas
el ofertorio de Santa Águeda
y en la cuaresma juegan al corro
y alegres cantan...

El ancho llano
vi de la plaza,
donde los mozos en los domingos
juegan al calvo o a la palanca
y, al eco dulce del tamboril,
bailan un rato con las zagalas...

Vi el blanco albergue del señor cura
con una parra
y, entre cortinas, lanzando humo,
de los labriegos las casas pardas...

Vi los gañanes con las parejas
en la besana,
donde, incansables como trigueros,
sus populares tonadas cantan...

Ví la corriente de los arroyos,
en cuyas aguas
lavan las mozas de aquella aldea
la ropa blanca...

Los encinares
vi donde en tiempos yo paseaba,
viendo a los chicos
cortar carrascos con la destrala,
atarlos luego con un rabero
y a la costilla llevar la carga...

Y vi las huertas en cuyos fresnos
los ruiseñores en mayo cantan,
y a cuya sombra
yo descansaba
saboreando de un libro ameno
las bellas páginas...

Cuando los rayos del sol poniente
ya se ocultaban
dejé de ver en el horizonte,
con honda pena, la Iglesia santa
y las casitas y las encinas
de Aldeacharra..

Matías García Miguel
"El País Charro, poesías regionales" (1928)
.

2 de noviembre de 2011

Día de difuntos

Una vez más traemos a estas páginas un artículo de José Sánchez Rojas. Se publicó tal día como hoy en "El Adelanto" hace ahora cien años.

Tañen las campanas con tristeza, hoy día de los difuntos. La tradición venera a los muertos, y para los que no disponen de flores del recuerdo, hay flores de trapo en abundancia. A nosotros, los jóvenes -Dios me perdone la sinceridad- no nos cala alma adentro el lúgubre tañido de las campanas. Como el Tenorio, repetimos, "tan largo me lo fiáis..." y pensamos en la muerte como en una cosa dulcemente lejana.
Y es que para morir, creemos que tenemos que vivir antes. Para nosotros comienza la vida ahora. Y sin embargo, hay muchos que mueren sin haber vivido verdaderamente. Y otros que viven en apariencia, pero que están muertos por dentro. Y hay otros que murieron la vida de la carne y viven; los padres en los hijos, los santos en sus devotos, los genios en sus admiradores. Y tú, lector o lectora, dime: ¿vives solo vida de carne? ¿Te has sentido para vivir del todo, parte del todo, de lo infinito, de Dios? ¿Has muerto en parte y vives en parte? ¿Has muerto del todo o vives del todo? Con sinceridad dime: ¿no eres el espectro, la sombra, el esqueleto de tu mismo? ¿No ha muerto tu ritmo interior, la ilusión que te era más querida, la alegría que esperaste y que no llegó, el mañana que anhelabas tontamente como San Agustín para vivir la vida del espíritu? ¿Eres feliz? No, no me respondas eso; no te creo. Si eres feliz deseará s un presente sin futuro, un hoy sin mañana, un momento actual, como el de ahora mismo, sin el que venga y sin el que marchó. Si eres feliz, no acariciarás una esperanza, ni forjarás un sueño, n i desearás cosa alguna. ¿Y no deseas nada, ni forjas nada, ni acaricias nada? ¿Morirías ahora satisfecho de ti mismo? ¿No has muerto en parte, lector? Sí, sí has muerto en parte; todos hemos muerto en parte. Deseamos lo que marchó y deseamos lo que vendrá, pero cuando venga, desearemos más y siempre más . El tiempo, es una sombra; no hay presente, sino un pasado que presente nos enojaba y un futuro que cuando sea actual nos enojará también. De los muertos nos separa sólo la ilusión del tiempo. Ellos vencieron la cuesta y nosotros empezamos a vencerla. Hoy doblan por ellos; mañana doblarán por nosotros ¿qué mas da? La tierra, con burlona indiferencia, nos recogerá a todos. Amigo mío: es tu fiesta hoy y tu te engañarás creyendo que vives verdaderamente. ¿Vale tu juventud los sueños que te proporcionó de adolescente?¿Vale tu vejez los anhelos de tu edad madura? ¿No te molesta tu odiosa, tu monótona, tu etérea compañía? ¿No rectificarías tu vida después de tu muerte? ¿Acaso no la estás rectificando?
JOSÉ SÁNCHEZ ROJAS.
Alba de Tormes 2-XI-911.

1 de noviembre de 2011

Noche de Ánimas


Se designa con este nombre a la noche en la que se pasa del día 1 de noviembre, festividad de Todos los Santos, al día 2, jornada que se conoce como Día de los Difuntos. En muchos pueblos de esta comarca nuestra, esa tarde noche se tocaban las campanas cada cierto tiempo y las familias se reunían para rezar por sus familiares difuntos. Traemos hoy a estas páginas un pequeño artículo publicado en el Adelanto, hace hoy cien años y que trata básicamente de este tema.

Noche de Animas.
Ha terminado el mes de Octubre. Noviembre, con sus días fríos, impregnados de humedad y de tristeza, se nos ha echado encima. Hoy es el día de los Santos, mañana será el de Animas y tras de estos vendrá una serie de melancólicos, en los que los árboles se despojarán lentamente de sus mantos de hojarasca, mostrándonos el esqueleto de sus ramas, mientras la naturaleza toda se nos presentará en todo el esplendor de su desnudez.
Sintamos la grandeza de estos días otoñales y con ella el encanto de su lirismo. ¡Lirismo! Nada lo tendrá en más alto grado que este día de los Santos y su noche de Animas. Las campanas tañerán con lúgubre estruendo y sus sones nos traerán a la memoria tiernas remembranzas. Nos acordaremos de lecturas inspiradas en asuntos de esta especie, que en una época formaron para nosotros el todo, y ¿quién sabe? hasta en algún rato perdido se nos ocurrirá reflexionar sobre la paz de los sepulcros. Después iremos al cementerio. Visitaremos la hilera de sus tumbas y depositaremos una corona de florecitas sobre el pedazo de tierra que oprime los restos de personas que para nuestra intimidad representaron un algo. En estos momentos tendremos una majestad imponente. Seremos algo así como embajadores del mundo de los vivos, que cumpliendo una visita de fineza, saludamos a los que ya no son. Alguna lágrima vertida a fuerza de restregones en los ojos, será nuestra ofrenda de dolor, y sin embargo, sobre la eternidad del espacio nos parecerá ver vagar aimas que se hermanan y se funden... Nos despediremos con suspiros y lamentos. Al marchar, con tono de fervoroso musitante, rumorearemos aquello de "¡Dios mío, qué solos se quedan los muertos!"
Sintiéndolo bien, con admirable profundidad, evocaremos las virtudes de los que ya se han ido y luego... Con tranquilidad absoluta, con una profunda despreocupación, nos olvidaremos de que es la noche de Animas. Seguiremos la vida.
ALEJANDRO LEON