30 de mayo de 2009

LAPISSE INTIMA LA RENDICIÓN DE CIUDAD RODRIGO

Tras estos ensayos y tanteos previos, Lapisse comienza, no muy convencido, la maniobra que Napoleón había previsto en sus directrices iniciales, allá por el mes de enero. Entrada en Portugal por Ciudad Rodrigo y Almeida hasta Abrantes para apoyar al mariscal Soult que debía de haber tomado Oporto y descender luego hacia Lisboa.



Pero para Lapisse todo son dudas. No sabe si el mariscal Soult ha tomado Oporto. Tampoco sabe qué es lo que tiene enfrente. La presencia de oficiales ingleses al mando de tropas le induce a pensar que se encuentra frente a un ejército más numeroso de lo que en realidad era. De todas formas decide pasar a la acción. A finales del mes de marzo de 1809 comienza a moverse ya definitivamente. En una carta capturada a los correos franceses y que se transcribe en los despachos del mariscal Wellington (Despachos Suplementarios y Memoranda del mariscal de campo Arthur duque de Wellington, Volumen VI, pág. 232), el General de división Solignac, convaleciente de heridas de guerra en Salamanca, escribe a su hermano Michel en Madrid lo siguiente:

"Cuartel General de Salamanca,
23 de marzo de 1809.
Salimos mañana por la mañana con una división (Lapisse) que debe penetrar por Abrantes en Portugal. Espero reunirme con el cuartel General del duque de Dalmacia [Soult] en ocho o diez días; y como el estado de mi herida me obliga a marchar al cuidado de Barége, tendré el placer de abrazarte en Madrid en el mes de mayo próximo. Os ruego me dirijáis vuestras cartas a Lisboa".

Como se deduce claramente del documento, Lapisse tenía intención de entrar en Portugal y llegar hasta la localidad de Abrantes. Pero en su camino se encuentran las ciudades fortificadas de Ciudad Rodrigo y Almeida. Penetrar en Portugal, dejando atrás estas fortalezas bien guarnecidas no es militarmente aconsejable. Por tanto, se decide a ir contra Ciudad Rodrigo, a ver qué pasa. Por otro lado, ya desde el mes de febrero el mariscal Victor que está en Extremadura le está reclamando constantemente al rey José que le envíe la división Lapisse, cosa a la que este accederá cuando los franceses toman conciencia de que Ciudad Rodrigo no se va a rendir por las buenas.



El avance, según describen algunos periódicos de la época (GACETA DEL GOBIERNO, 1 de mayo de 1809) se hace en tres columnas.

"Copia de una carta de Almeida de 29 de marzo de 1809. El día 26 del corriente llegaron nuestros enemigos en número de 6000 hombres de infantería y 500 de caballería, en tres columnas a Ciudad Rodrigo en donde los españoles y la legión lusitana los entretuvieron todo aquel día y noche, haciéndoles algún fuego …".

Teniendo en cuenta los movimientos exploratorios y de tanteo, y también lo que hizo después, podemos suponer que las columnas avanzaron siguiendo un esquema similar al utilizado a mediados de marzo. Una de las columnas seguiría la ruta Vitigudino, puente de Yecla, San Felices de los Gallegos y descendería después por la orilla derecha del río Águeda. Una segunda columna siguió probablemente la calzada de Ciudad Rodrigo a Salamanca a través de Aldehuela de la Bóveda, Boadilla, Martin de Yeltes y Sancti Spíritus. Y la tercera columna, probablemente siguió la ruta de la calzada de Villavieja a Ciudad Rodrigo a través de Paradinas, Sierra de Campanero, Valdecarros. Entre las columnas habría por tanto una separación razonable que podría ser explorada convenientemente por la caballería. Las tropas francesas llevan consigo también la artillería, lo cual le indica a las avanzadillas españolas que la acción se dirige indudablemente contra Ciudad Rodrigo, por lo que se repliegan convenientemente a esta ciudad.

Las intensas lluvias caídas hacen intransitables los caminos, hasta el punto de entorpecer enormemente la marcha de las columnas francesas y muy especialmente las piezas y bagaje de artillería que llevan consigo. El avance se produce lentamente, pero no obstante, las tropas llegan a la vista de ciudad Rodrigo tres días después. Las avanzadas de la legión lusitana y de los voluntarios de Ciudad Rodrigo y Ávila se han replegado al abrigo de los muros de la ciudad.

La primera cosa que hace Lapisse es mandar un emisario la ciudad con bandera blanca y con una carta dirigida al gobernador en la que le solicita la rendición de la misma.

El General de división Lapisse, barón de Santa Elena, Comandante de la legión de honor, caballero de la corona de Hierro, Comandante en jefe de las tropas francesas delante de ciudad Rodrigo, al Sr. General español, gobernador de la misma.

Señor General, ya las armas francesas han conquistado la mayor parte de la península, Zaragoza ha caído. Tres cuerpos de ejército están en marcha para la Andalucía. Su excelencia del Sr. Mariscal del imperio, duque de Dalmacia, han entrado en Portugal con un ejército formidable. Su majestad católica deseando conservar la sangre y propiedades del pueblo sobre el que debe reinar, me envía delante de vuestros muros para deciros en su nombre le abráis las puertas de la ciudad que gobernáis. Conocéis, Sr. General, los males horribles que una defensa obstinada, pero inútil, acarrearía en adelante. Una ciudad tomada por asalto o, viene a ser propiedad del soldado, furioso de venganza por lo que se ha expuesto, no respetar absolutamente nada; y el General no es dueño de evitar sus excesos, ni de calmar su furor. Los jefes militares que abusan de su poder hasta el punto de comprometer una multitud de jóvenes sin experiencia a sacrificarse, oponiendo una vana resistencia a fuerzas victoriosas y formidables, serán culpables a los ojos del mundo entero y personalmente responsables de la sangre que hayan hecho correr.

Su majestad católica recompensará por el contrario, de una manera digna de él, a los que escuchando la voz de la razón, conserven la sangre de su pueblo, y preserven su Pais de los horrores de la guerra. Toda las propiedades serán respetadas, los ministros de la augusta religión que profesamos, serán tratados con miramientos debidos a su sublime ministerio, las autoridades civiles y militares conservarán sus empleos hasta la nueva organización, en que serán colocados según la bondad de su majestad; los paisanos dejarán las armas y se retirarán a disfrutar en el seno de la tranquilidad el fruto de sus trabajos y Ciudad Rodrigo con sus inmediaciones, se verán libres de las desgracias que les amenazan.

Me lisonjeo, Sr. General, que imitaréis el ejemplo que os han dado los generales españoles, comandantes de el Ferrol y la Coruña, que a la cabeza de vuestras mejores tropas y con más considerables medios de defensa, no han rehusado poner en manos de su majestad católica las plazas de su mando, ni de dar a su nuevo soberano una prueba de lealtad, que hará la felicidad de su país. Espero vuestras respuestas, en la persuasión que tomaréis el partido que vuestra experiencia y el amor de vuestro país os deben sugerir, pero si tardáis en hacerlo, ya nos en el dueño de ofreceros condiciones tan ventajosas. Cuartel General delante de Ciudad Rodrigo, 27 de marzo de 1809. Lapisse


Mientras el emisario espera respuesta, las tropas francesas, haciendo caso omiso de las leyes de la guerra, continúan acercándose cada vez más a las murallas de la ciudad hasta que los cañones de la misma comienzan a disparar en señal de aviso, deteniendo entonces los franceses su avance. La contestación del Excelentísimo Señor Capitán General y Gobernador de Ciudad Rodrigo no puede ser más explícita:

He leído con el mayor desprecio la carta de vuestra excelencia de esta fecha, en que me propone entregue esta plaza por no exponerla a un asalto y a los excesos que comete una tropa vencedora, manifestándome para persuadirme a ello, conservaré mi empleo y honores, y que tome el ejemplo de los generales de la Coruña y Ferrol. A todo esto respondo, que prefiero perecer bajo ruinas, que cometer semejante vileza. Soy verdadero español, y defenderé la plaza hasta morir; y así excuse vuestra excelencia semejantes sugestiones, pues no respondo de la persona que vuelva con ellas. Ataque vuestra excelencia la plaza, que hallará valerosos españoles que la defiendan. Dios guarde a vuestra excelencia muchos años.
Ciudad Rodrigo 27 de marzo de 1809.
Juan Miguel de Vives.

Una segunda carta intimando a la rendición fue enviada al gobernador de Ciudad Rodrigo prometiéndoles a la guarnición y a los habitantes los favores del rey José si abrían las puertas de la ciudad. En esta ocasión la respuesta fue verbal. Se le comunicó al emisario que la respuesta propia a esa intimidación a la rendición llegaría desde la boca de los cañones y era la que el enemigo recibiría si elegían seguir avanzando. Tras la retirada del emisario, “desde la ciudad continuó el fuego de los cañones hasta la entrada de la noche, en que los enemigos se retiraron un tanto. Hicieron más de mil hogueras, y al amanecer el otro día ya se habían retirado las dos terceras partes, viendo nosotros después retirarse los restantes, protegidos de su caballería a varios pueblos distantes de ésta de 4 a 6 leguas. Dejaron en el sitio que ocuparon, colchones, sábanas, almohadas, ropas de todas clases, breviarios rotos, jamones, tocino, ollas y otros muchos efectos. Han saqueado y asolado los pueblos por donde han pasado, incendiando a varios de ellos, y fusilando a muchas personas indefensas, que en nada les ofendían.” (Diario de Mallorca, nº 132, Viernes, 12 de Mayo de 1809)

Los franceses, debido la intensa lluvia, buscaron cualquier refugio. Los pueblos de la socampana de Ciudad Rodrigo sufrieron las consecuencias. Pedrotoro fue saqueado produciéndose en dicha acción dos muertes, que han quedado registradas en los libros de difuntos de dicha parroquia:

En el lugar de Pedro de Toro a los 27 días del mes de marzo del año de 1809, falleció a manos del bárbaro, cruel e inhumano ejército francés, enemigo nuestro, Francisco Pérez marido de Ana Marcos, vecina de dicho lugar y aunque tenía el difunto ordenado su testamento, con motivo del saqueo se extravió y no ha parecido por lo que su mujer dispuso que por el ánima de su difunto marido se hiciesen los sufragios siguientes: Primeramente, que su cuerpo sea amortajado en el hábito de San Francisco y se entierre (por haber quedado la iglesia parroquial inservible, a causa de haberla hecho el enemigo cuadras de caballos) en la iglesia del convento de religiosos dominicos extramuros de Ciudad Rodrigo, diciendo en dicha iglesia la misa de entierro y honras con sus dos oficios cantados......

En el dicho lugar de Pedro de Toro, en dicho día, mes, y año, sufrió la misma suerte, ... Ramón Calzada, viudo de Clara Sánchez, …



Vistas las importantes defensas de la ciudad, el General Lapisse se retira hacia la línea San Felices de los Gallegos-San Muñoz. Es muy probable por tanto, que el pueblo de Villavieja volviese a acoger a las tropas francesas. En esta situación Lapisse comunica al rey José sus dificultades. En las "Memorias y correspondencia política y militar del rey José" se hace referencia (libro quinto, pág. 147), a una carta enviada por José a su hermano Napoleón. La misiva está fechada el dos de abril de 1809: " la división Lapisse ha encontrado a Ciudad Rodrigo en estado de defensa; le he ordenado que se reúna en Mérida y Badajoz con el mariscal Victor, que con este refuerzo, se encuentra en estado de entrar en Sevilla".

Al emperador no le hace ninguna gracia la orden dada por su hermano, a pesar de que coincidía básicamente con sus directrices iniciales. Le hace saber que lo conveniente hubiese sido enviar la división Lapisse al norte para tratar de contactar con el sexto cuerpo de ejército del mariscal Ney que se encuentra en Galicia y con el segundo cuerpo de ejército del mariscal Soult que se encuentran el norte de Portugal y que se encuentran ambos incomunicados.

Los asuntos en España van mal, ¿cómo es posible que hayas permanecido tanto tiempo sin noticias del duque de Elchingen [Ney] y que a pesar de los movimientos del [general español] La Romana entre Galicia y Castilla, combinados con la insurrección de Asturias, hayas hecho marchar la división Lapisse al sur en lugar de emplearla en el norte? (Carta de Napoleón a su Hermano José. París, dos de abril de 1809)

Pero a lo hecho pecho. El 9 de abril de 1809 José I le contesta su hermano Napoleón: " Sire, la división Lapisse está a punto de llegar al primer cuerpo. Le será muy útil. Era demasiado tarde para dar contraorden". A pesar de lo afirmado por José, la división apenas lleva un par de días de camino hacia Alcántara. No ha iniciado la marcha hasta el 7 de Abril. Hasta esa fecha ha tenido que soportar alguna acción de castigo por parte de los luso españoles. En las cercanías de Villoria de Buenamadre ocurre un mortal encuentro para varios habitantes de la comarca. Sabemos de él, por los libros de difuntos de la parroquia de Boada, en el que se recogen seis fallecidos de dicho pueblo (Manuel Hernández, Domingo García, José Herrero, Manuel Pérez, Domingo Alonso y Pedro Marcos).

Pero la acción bélica más importante en esas fechas es la denominada “acción de Barba de Puerco” (actualmente Puerto Seguro) ocurrida entre los días uno y cuatro de Abril, en la que toman parte varios batallones por ambas partes. La acción tuvo como consecuencia que las fuerzas francesas atravesasen el río Águeda por San Felices y amenazasen al ejército luso-español situado en la margen izquierda de dicho río. Esa incursión motivó que la mayor parte de las fuerzas hispanoportuguesas dejasen desguarnecidos los pasos hacia Extremadura, al intentar taponar la brecha. La circunstancia la aprovechó el general francés para replegar rápidamente las fuerzas que habían atravesado el río e iniciar desde su cuartel general en San Muñoz y Aldehuela de la Bóveda una marcha rápida, que pilló por sorpresa y fuera de lugar a todas las fuerzas aliadas, y que tras flanquear Ciudad Rodrigo pasó a Extremadura por el puerto de Perales.



Pero no fue desde luego una marcha triunfal. Veamos como se cuenta en el libro “Historique du 5e regiment de dragons” de V. Saint Just, página 257, basado en un informe enviado por el propio Lapisse a sus superiores:

El 25 de este mes, marzo, se presentó delante de Ciudad Rodrigo. Las intimaciones a la rendición que hizo al gobernador de esta ciudad han quedado sin resultado. Se queda en observación en Sanminos [San Muñoz] hasta el siete de abril. Recibe entonces la orden del rey José de marchar hacia Alcántara para reunirse al primer cuerpo.

El siete abril de 1809 la división Lapisse en la cual ha estado siempre encuadrada la brigada Maupetit se dirige desde Aldehuela de la Bóveda a Alcántara.

He tenido que luchar durante toda la marcha, cuenta al General Lapisse, contra enormes obstáculos que he desesperado varias veces de superar, bien sean torrentes rápidos y ríos profundos sobre los que no había ningún puente y que forzaban a mi infantería a meterse en el agua hasta la cintura ocho días veces al día; hemos tenido que cruzar montes en los que los caminos no son más que senderos por los que un hombre a duras penas puede pasar y que oponían a mi artillería barreras que no hubiese podido franquear sir el celo que animaba a los soldados que, varias veces, han estado obligados de transportarlos a mano durante un trayecto considerable. Después de haber sobrepasado Ciudad Rodrigo, mi retaguardia fue seguida hasta Alcántara por una partida de 2000 hombres, sin poderles hacer caer en una emboscada.

Termina así este primer episodio de la Guerra de la Independencia en nuestra comarca, pero la cosa no había hecho más que comenzar. Vendrían, después, cuatro largos años en los que la población de nuestra provincia tuvo que soportar la presencia de tropas francesas, inglesas y españolas, que hicieron de esa época una de las más negras de toda nuestra historia.


Manuel S. Calderero Sánchez